Tumor cerebral: una enfermedad invisible que exige visibilidad

En Argentina y en el mundo, miles de personas conviven con un diagnóstico que llega tarde, que afecta funciones esenciales y que depende, en gran medida, del lugar donde le toca atenderse a cada paciente. Los tumores cerebrales son una patología poco frecuente, pero de alto impacto. En Argentina se diagnostican cerca de 1.831 nuevos casos de tumores del encéfalo y del sistema nervioso central por año, equivalente a un promedio de cinco diagnósticos por día, representando el 1,4% de todos los cánceres detectados en el país.

A nivel mundial, la OMS estima que se diagnostican alrededor de 300.000 casos nuevos de tumores cerebrales por año. Aunque representan solo el 2% del total de tumores, son la principal causa de muerte por cáncer en personas menores de 39 años.

En la población pediátrica, los tumores cerebrales son la segunda causa más frecuente de cáncer, con una incidencia de 2,3 casos cada 100.000 niños y niñas menores de 15 años. [Fleni, 2025].

Por qué se los llama «los tumores más injustos»

No se palpan, no se ven, y muchas veces sus primeros síntomas son inespecíficos: un dolor de cabeza persistente, una convulsión, un cambio de carácter. «Su baja prevalencia hace que muchas veces no formen parte de las primeras sospechas diagnósticas hasta que un estudio de alta complejidad muestra una imagen clara», señala la Dra. Alejandra Álvarez Bernardez (MN 140529), Oncóloga Clínica Especialista en Neurooncología.

El diagnóstico requiere resonancia magnética, estudios moleculares e intervención de múltiples especialistas, recursos que no siempre están disponibles de manera equitativa en todo el territorio argentino. A esto se suma que, una vez superado el tratamiento, muchas personas deben reinsertarse en la vida cotidiana cargando secuelas que la sociedad no siempre comprende.

Un subtipo poco conocido: los gliomas difusos de bajo grado con mutación IDH

Entre los tumores cerebrales existe un subtipo especialmente invisibilizado: los gliomas difusos de bajo grado con mutación del gen IDH en adultos. Su nombre es técnico, pero sus consecuencias son profundas. Se originan en las células gliales del cerebro; el gen IDH produce una proteína que ayuda a obtener energía y proteger a las células de daño molecular. Cuando ese gen muta, puede dar origen a este tipo de tumor.

Su incidencia se estima en torno a 0,5 por cada 100.000 habitantes por año, y los tumores IDH mutados representan aproximadamente el 12% del total de gliomas. [Ostrom et al., 2019 / Frontiers in Molecular Neuroscience, 2025] Se consideran una enfermedad rara por su baja frecuencia, aunque su prevalencia acumulada es mayor porque muchas personas conviven con la enfermedad durante años.

Aunque se los denomine «de bajo grado», no son benignos: crecen de forma infiltrante y pueden progresar hacia formas más agresivas. El tiempo mediano desde el diagnóstico hasta la transformación maligna en adultos jóvenes es de aproximadamente 5,6 años. [Lim-Fat et al., 2024 / Frontiers in Molecular Neuroscience, 2025]

A quiénes afecta y cómo reconocerlos

Se presentan principalmente en adultos jóvenes y de mediana edad. Los síntomas de inicio más frecuentes son:

Convulsiones de aparición reciente: la forma de debut más común. Se presentan en el 60–80% de los casos.

Cefalea persistente o con cambio de patrón: en aproximadamente el 20–30% de los pacientes.

Déficits neurológicos focales (debilidad, dificultad para hablar o ver): en torno al 10–30%.

Cambios cognitivos o conductuales: dificultades de memoria, concentración o cambios de personalidad en un 10–20%.

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