Informe especial: Cosechadoras de granos – Parte I

El 2017 fue el año récord de inversiones en maquinaria agrícola con 2.200 M/U$S, siendo el principal rubro el de cosechadoras con 550 M/U$S, y que sumando todo el equipamiento, tolvas, cabezales maiceros, girasoleros y draper, casillas y tanques, entre otros, llegó a un total de unos 850 M/U$S en el rubro cosecha de granos (nacional + importado). 

Para el 2018, el pronóstico del mercado con “año niña” (leve) anticipaba para este sector una inversión de 800 M/U$S, pero la sequía extrema en algunas regiones de la pampa húmeda ha disminuido la estimación de producción desde los  valores  iniciales de 125 M/t a 105 M/t, desglosado se estima una disminución de 13 M/t de soja, 5 M/t de maíz y 2 M/t del resto (girasol, sorgo, maní y el trigo de invierno) según datos de la BCBA; eso representa una merma del saldo exportable a valores normales de 4.500 M/U$S.

Como Argentina es un país formador de precio en soja, la sequía argentina produjo un aumento de precio internacional de la soja y el maíz que ayudará a disminuir ese impacto en 1.700 M/U$S por lo que el monto real de caída de exportación sería de aproximadamente 2.800 M/U$S a nivel nacional (esta cifra puede disminuir o aumentar en relación directa al comportamiento del clima y el valor de los granos).

La disminución del ingreso de divisas al país y al sector es importante por la representatividad porcentual de la renta excedentaria re-invertible del sector productor de granos en esta campaña y también en la próxima siembra estival 2018/19. Los efectos negativos son muy diversos, afectando de manera severa en las regiones más castigadas por la falta de agua que fue muy aleatoria.

Es lógico que 20 M/t menos de granos signifique además de menos necesidad y capacidad de inversiones en equipos de cosecha, menos repuestos, menos combustible, menos movimiento de camiones, menos secado y acondicionado de granos, menos empleos y movimiento económico en general en los pueblos y ciudades del interior productivo, generando problemas en efecto cascada.

Luego de estas consideraciones, lo que se estima para el mercado de máquinas de cosecha de grano es una disminución de inversión del 25 a 35% respecto al 2017, o sea pasar de 850 a 580 M/U$S; también este sector “cosecha” representa en un porcentaje importante en la venta de tractores que mueven tolvas que no estaría contabilizados en este cálculo.

El crédito con tasas convenientes, la intervención del Estado con medidas paliativas y también estimuladoras de inversiones en maquinaria fabricada en Argentina (60% superior de integración nacional), podría ser estratégico para mantener el empleo industrial del sector del cual se sustentan muchos pueblos y ciudades del interior productivo.

Si se mantiene este escenario con situaciones climáticas adversas y con repercusiones directas en el mercado de la maquinaria agrícola, sería inteligente tomar precauciones y adoptar programas para el mercado 2018 y parte del 2019. Estos análisis conducen una vez más a la necesidad de implementar un seguro multirriesgo que cubra en cuotas anuales el riesgo agrícola que con el cambio climático sería cada más frecuente. No es para nada inteligente el sistema productivo agrícola argentino prácticamente sin cobertura que lo transforma en tremendamente vulnerable en lo económico y social. Los argentinos somos poco previsores, por lo tanto es el año para tratar un proyecto de ley que corrija este tema.

Durante el año 2017 el mercado de cosechadoras estuvo compuesto por 10 marcas comercializadas a través de 6 empresas que ofrecieron 42 modelos cubriendo el rango de las Clases 4 a la 10, es decir con máquinas que van desde los 185 hasta los 640 HP. A ese listado se suman otros 5 modelos disponibles en el país que no registraron operaciones de ventas durante el año.

El mercado de equipos de cosecha tiene como principal usuario al contratista prestador de servicios, que efectúa el 65% de la cosecha con gran eficiencia y mucho profesionalismo, adoptando gran parte de las tecnologías y recomendaciones que promueve el INTA para reducir pérdidas y mejorar la calidad del grano, evitar huellas y compactaciones en lotes de siembra directa y distribuir uniformemente los residuos de cosecha, además de las sugerencias para limpieza de cosechadoras para evitar la diseminación de semillas de malezas resistentes.

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