Una vendimia que puede ser histórica: los secretos para producir más y de mejor calidad

Por Esteban Fuentes

Se estiman entre 22 y 24 millones de kilos para este año y se acercaría  a la media histórica de los últimos 28 años. Las claves, en el manejo y tecnología.

La producción de uvas estimada para esta vendimia es de 22 a 24 millones de quintales, lo que representa entre un 18% a un 23% de aumento respecto a la vendimia 2017 y un incremento de más del 30% respecto a la vendimia 2016.

Cabe recordar que tanto la vendimia 2016 como la 2017 habían sido de las más bajas históricamente, particularmente la cosecha 2016 que fue de 17,4 millones de quintales.

“Esta vendimia se acercaría a la media histórica o estaría levemente por debajo. Cuando uno ve la serie histórica de producción de los últimos 28 años, la producción nacional supera levemente los 24,2 millones de quintales”, destacó Marcelo Belmonte, director de Desarrollo Vitícola de Grupo Peñaflor, una firma que trabaja 3.200 hectáreas de viñedos distribuidos principalmente en Cafayate (Salta) y en Santa María (Catamarca) como así también en San Juan, Mendoza y Chapadmalat (Buenos Aires).

“La vid es un cultivo perenne y la producción se define en un proceso que involucra alrededor de 18 meses previos a la cosecha, hay muchos factores que la pueden afectar como clima, manejo del viñedo y niveles de producción de años anteriores a través del impacto en el nivel de reservas de la planta. Esto significa que la presente cosecha comenzó a definirse en la primavera del 2016”, señaló el ingeniero sobre los motivos del crecimiento de la actual vendimia.

Concretamente, detalló, en sus estimaciones visualizó un mayor número de racimos por planta particularmente en la provincia de Mendoza y pesos de racimos normales. “Esto se explica que al venir de dos vendimias de menor productividad las plantas partieron esta primavera con un muy buen nivel de reservas lo que impactó junto con temperaturas adecuadas de primavera en un muy buen desarrollo vegetativo”, especificó.

En este sentido, en referencia al clima, mencionó que esta temporada ha sido más estable, a pesar que hubo daños puntuales de heladas en zonas altas de Valle de Uco (Mendoza) y en Valle de Pedernal (San Juan) y daños puntuales de granizo durante el verano, la cantidad de hectáreas con daños equivalentes al 100% no han llegado a impactar la producción en la provincia de Mendoza.

Este último punto es relevante ya que la producción de uva de vinificar de Argentina está concentrada en un 70% en esta última provincia.

Los viñedos del Grupo Peñaflor están distribuidos en distintas regiones y Valles dentro de cada provincia yendo de los 600 de latitud hasta los 1.800 metros y desde climas continentales en el oeste argentino hasta climas marítimos a 50 metros a nivel del mar y a 5 kilómetros del mar. En total, posee 7 bodegas: cuatro de ellas están situadas en Mendoza (Trapiche, Bodega Navarro Correas, Suter y Santa Ana), una en Salta (Bodegas El Esteco), otra en Catamarca (Bodegas La Rosa) y además, Bodega Finca Las Moras (San Juan), Otro de las motivos del auge en la producción de uvas tiene que ver con la tecnología implementada.

El Grupo Peñaflor trabaja con manejos muy diferenciadas en función del segmento de mercado al que esa producción está destinada. Esto último está definido por el potencial productivo y cualitativo de la zona donde le viñedo está implantado.

“El enfoque del equipo de Viticultura es con una visión de manejo integral donde los factores a considerar dentro de ese sistema son múltiples. Tenemos un área de Investigación y Desarrollo que es fundamental. Básicamente el objetivo es cuantificar el impacto cualitativo y cuantitativo de cada operación de viñedo para cada región agroclimática en la que operamos, estudios en viticultura de precisión, generación” in house” de índices verdes, índices geomorfométricos, mapeos de suelos de alto detalle”, resumió Belmonte.

A esto se suma un vivero propio para asegurarse la calidad absoluta de cada nueva planta que plantan en los viñedos.

“Nos llevó a firmar un contrato a 20 años con el prestigioso organismo francés ENTAV para disponer de materiales madres de muy alta calidad, siendo la segunda bodega en el mundo en alcanzarlo”, resaltó.

Luego, según describió Belmonte, es necesario poner el foco en la calidad de ejecución de cada tarea en los viñedos: Para esto, la estandarización de los procesos, planificación de tiempos y la correcta asignación de recursos son claves cuando se opera en distintas regiones.

“En viñedos destinados a muy alta gama trabajamos muy fuerte en entender la variabilidad del suelo y diseñar el viñedo de acuerdo a esta variación. Para esto partimos estudiando la vegetación natural previo a los desmontes a través de imágenes por el Índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés), sumado a una evaluación del ambiente del Valle a través del uso de imágenes satelitales y modelos de elevación digital con el que calculamos distintos índices geomorfométricos que nos ayudan a entender la ubicación del futuro viñedo en un contexto macro”, explicó minuciosamente.

Además, trabajan en entender la variación del suelo trabajando con zondas electromagnéticas seguidas de evaluación de calicatas de hasta 15 sondeos por hectáreas. “En función de esto, decidimos portainjertos, variedades, clones, selecciones y densidades de plantación. Y definimos con estudios de iluminación la orientación de hilera más adecuada para ese mesoclima”, desarrolló el ingeniero.

En el otro extremo también diseñan viñedos de alto nivel de mecanización y mayor productividad. Aquí, el enfoque es diferente con un sistema de conducción que utilizan muy innovador en Argentina. Se trata de sistemas de canopias libres permitiendo un gran nivel de mecanización de todas las tareas de viñedo. Aquí la uniformidad es clave y todos los trabajos tienden a lograr este objetivo.

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