“El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias que dificulta el paso del aire por los bronquios. Esta obstrucción se produce por inflamación, exceso de moco y contracción de los músculos que rodean los bronquios en respuesta a diversos estímulos. Aunque la obstrucción es reversible con tratamiento, el asma no tiene cura. Por eso, el control y la prevención son fundamentales “, explicó la Dra. Viviana Catarutti, médica clínica de OSPEDYC.

Esta enfermedad es conocida también como broncoespasmo, bronquitis asmática o hiperreactividad bronquial, y puede manifestarse de distintas formas según la persona.
Los desencadenantes del asma son variados y dependen de cada paciente. Algunos de los más frecuentes son:
● Infecciones respiratorias virales.
● Alérgenos como polvo, ácaros, hongos, polen o epitelio de animales.
● Irritantes como perfumes fuertes, sprays, humo de cigarrillo o contaminación ambiental.
● Aire frío, ejercicio físico o cambios bruscos de temperatura.
● Factores emocionales como el estrés, la risa o el llanto.
Los síntomas más comunes incluyen tos persistente (especialmente por la noche), silbidos al respirar, dificultad para respirar incluso en reposo y una sensación de opresión en el pecho. En muchos casos, estos síntomas se intensifican con el ejercicio o por la noche.
Cuando los síntomas se agravan repentinamente, hablamos de una crisis asmática. En estos casos, la falta de aire puede volverse severa, acompañada de dificultad para hablar, sudoración, y necesidad de hacer un gran esfuerzo para respirar. Si esto ocurre y la persona no cuenta con un plan de tratamiento, es fundamental acudir a una guardia o centro de salud de inmediato.
Aunque no se puede curar, el asma sí puede controlarse con un tratamiento adecuado. Este se basa en tres pilares:
Prevención: conocer la enfermedad y evitar los desencadenantes.
Educación: tanto el paciente como su entorno deben estar informados sobre cómo actuar ante síntomas o crisis.
Tratamiento farmacológico: los medicamentos se administran principalmente mediante inhaladores. Los inhaladores pueden contener broncodilatadores que alivian los síntomas abriendo las vías respiratorias; o corticosteroides, que reducen la inflamación. Muchos pacientes deben usarlos a diario según la frecuencia e intensidad de sus síntomas.
“El asma no tiene cura, pero con el diagnóstico correcto, el tratamiento adecuado y el compromiso de los pacientes y sus familias, es posible llevar una vida activa y sin limitaciones. En este día, reforzamos la importancia de la información, el acceso al tratamiento y la conciencia para mejorar la calidad de vida de millones de personas”, finalizó Cantarutti.