Avanzan en el manejo de una plaga del cultivo de sauce – Parte II

Un estudio académico de la UBA determinó, por primera vez en el mundo, las claves químicas y biológicas que hacen de la avispa sierra uno de los mayores problemas para las forestaciones en el Delta del Paraná. Debaten implicancias para el mejoramiento genético.

Por: Pablo A. Roset

Sauce negro, el elegido

“La avispa sierra, al igual que otros insectos, selecciona a qué plantas ir según lo que llamamos claves”, afirmó Camila Dávila, también docente de la cátedra de Química de las Biomoléculas de la FAUBA. En este sentido, aclaró que esas claves son compuestos químicos —técnicamente, metabolitos secundarios— que producen las plantas y que tienen efectos tanto atrayentes como repelentes para los insectos. Por lo tanto, a qué especie de sauce irán las avispas sierra va a depender del balance entre un efecto y otro.

Por su parte, Patricia Fernández profundizó en esa explicación: “Hay dos tipos de claves: volátiles y de contacto. En otra investigación, quepublicamos en el Journal of Chemical Ecology, encontramos que las hembras de N. oligospilus se sienten atraídas primero por ciertos volátiles —es decir, por el olor— y al llegar a las hojas buscan en su superficie algunas claves químicas específicas que, según sus ‘sabores’, las ‘convencen’ o no de oviponer. Si no las encuentran, levantan vuelo y se van”.

“Junto con Celina Braccini, investigadora del INTA, realizamos dos experimentos. En el primero, en un aparato especial llamado olfatómetro en Y colocamos ramitas de S. nigra y S. viminalis, y evaluamos hacia dónde elegían ir las avispas siguiendo los olores de cada uno. Los resultados mostraron que el sauce negro produjo 3 veces más volátiles y que atrajo a las hembras en esa misma proporción. Ese es el origen de la preferencia, el olor”, sostuvo Dávila, quien también es becaria doctoral del Conicet.

“En el otro experimento —continuó Camila— evaluamos las claves de contacto. A las avispas les ofrecimos hojas de ambos tipos de sauce a las que les habíamos quitado o no la cutícula, que es como una ‘piel’ cerosa y la primera zona de contacto entre el insecto y la planta. En todos los casos encontramos que al quitar la cutícula disminuye la oviposición y que casi el 100% de los huevos fueron puestos sobre hojas de S. nigra”.

En este sentido, Dávila resaltó que S. nigra tiene una diversidad más alta de ceras y una muy pequeña cantidad de unos compuestos amargos típicos del sauce, llamados glicósidos fenólicos. “Estos compuestos podrían indicarle a la avispa sierra que efectivamente la hoja corresponde a un sauce. Por otro lado, S. viminalis contiene hasta 97% de alcanos, compuestos muy comunes en las plantas, nada especiales, que podrían hacer que la planta pase desapercibida para este insecto tan especialista”.

Una deseable amargura

Fernández comentó que el 80% de la superficie del Delta del Paraná está plantada con sauces, lo cual indica la importancia económica del cultivo. “Actualmente se están implantando especies de sauce con mejor madera, incluso con fines maderables. Como los brotes de N. oligospilus tienen consecuencias dramáticas, las empresas realizan monitoreos anuales; ni bien el nivel de la avispa sierra pasa un umbral, se la controla con insecticidas. Esto puede tener consecuencias sobre el ambiente y sobre otras especies animales de la región”.

“Una cosa que funciona muy bien en el Delta, y que tal vez habría que potenciar, es el control biológico, ya que los pájaros depredan mucho a las larvas de la avispa, les encantan. Sobre todo, las que se desarrollan sobre el sauce negro”, puntualizó Fernández.

Por último, las investigadoras coincidieron en que ese podría ser un punto para avanzar en programas de mejoramiento genético del sauce, tema en el que están trabajando junto a Teresa Cerrillo, investigadora de la EEA-INTA Delta del Paraná. “En etapas de selección temprana, cuando los árboles todavía son chicos —y numerosos—, con un simple análisis químico de las hojas se podría saber si cada uno es tolerante o no a la avispa. Es decir, si poseen determinada cantidad de las moléculas amargas que identificamos en los experimentos, como los glicósidos fenólicos, serían susceptibles a la avispa”.

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