Destacan la importancia del control médico anual

Las principales causas de muerte femenina siguen siendo las enfermedades no transmisibles, como el cáncer de mama y el de cuello uterino.

Aun cuando problemas de salud como la pandemia de COVID-19 concentran la atención de la comunidad, las enfermedades no transmisibles siguen siendo la principal causa de muerte en la mujer a nivel global. Es por eso que los especialistas comparten consejos de salud femenina, entre los que se destacan el acudir una vez al año a control médico y realizarse estudios que permiten diagnosticar en forma precoz afecciones como el cáncer de mama y de cuello uterino, para no demorar un eventual tratamiento.

En la Argentina, según estadísticas de Global Cancer Observatory (GLOBOCAN), las formas de cáncer más frecuentes en la mujer son: mama (32,1% de todos los cánceres femeninos), colorrectal (10,8%) y cervico-uterino (6,7%). De las distintas formas de cáncer que pueden afectar a la mujer, el de cuello uterino es uno de los que cuentan con mejores herramientas para su prevención, tanto primaria como secundaria. Por un lado, existen vacunas que previenen un 70% de las infecciones por tipos del Virus del Papiloma Humano (VPH) de alto riesgo, que son los que ocasionan lesiones que pueden devenir en cáncer; por otro, existen técnicas de diagnóstico disponibles que permiten diagnosticar la infección por tipos de VPH de alto riesgo, e incluso determinar la presencia de lesiones precancerosas en estadios tempranos.

“El cáncer de cuello uterino es una enfermedad que se podría evitar si tuviéramos un acceso completo a la inmunización y al diagnóstico precoz. Sin embargo, en la Argentina se detectan entre 4.000 y 4.500 cánceres de cuello uterino por año, lo que ocasiona cerca de 2.000 muertes. Y esas son estadísticas pre-pandemia. Sabemos que durante la pandemia bajó muchísimo el screening, por lo cual en los próximos años puede haber un incremento de muertes por cáncer de cuello uterino”, advirtió el doctor Diego Zurita, médico ginecólogo y oncólogo, jefe de Unidad de Internación de Ginecología Hospital Juan A. Fernández.

El Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, que se celebra todos los años el día 26 de marzo, apunta a generar conciencia en torno a la prevención de esta enfermedad que representa el tercer cáncer más diagnosticado entre las mujeres en la Argentina. Su principal factor de riesgo es la infección por VPH, siendo dicha infección un factor determinante para la formación de casi todas las lesiones precancerosas y cancerosas de cuello de útero.

Según estadísticas de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), de los Estados Unidos, el 85% de los hombres y mujeres contraerá una infección por VPH en algún momento de su vida. Sin embargo, solo una pequeña proporción de esas infecciones devendrá en lesiones capaces de generar cáncer: “A pesar de que un porcentaje no menor de mujeres va a tener el contacto en su vida con el virus del VPH, apenas unas pocas van a generar una patología oncológica”, explica el especialista.

“Desde el momento que uno se expone al virus de VPH pueden pasar tres cosas –precisa el doctor Zurita–: puede generar anticuerpos y neutralizarlo, puede que haya una persistencia de la infección y puede ocurrir que se desarrolle la patología oncológica. Para ésto, debería haber una infección persistente de por lo menos 5 años”.

Es justamente el camino que va de la infección persistente al desarrollo de lesiones precancerosas, y de ahí al desarrollo de cáncer de cuello de útero, el que permite implementar distintas estrategias de prevención.

Estrategias de control y prevención

“Tenemos que plantear diferentes estrategias de control: La prevención primaria, que se realiza a través de la vacuna que en la Argentina se aplica a todas las niñas a partir de los 11 años. Otra instancia es a través del tamizaje o screening, que se hace con citología o con test de VPH, de acuerdo a la estrategia del lugar. En los casos de presencia de lesión precancerosa, su tratamiento para evitar que devenga en cáncer, y una vez que se ha diagnosticado la enfermedad el tratamiento adecuado para disminuir el riesgo de mortalidad de la paciente que ya está cursando un cáncer de cuello de útero”.

Dentro de los distintos métodos de diagnóstico es importante distinguir entre el Papanicolau (PAP), que detecta las variaciones celulares que genera el VPH; la colposcopía, que permite visualizar las alteraciones que genera el virus en el tejido del cuello uterino; y el test de VPH, que detecta la presencia de infección por tipos de VPH capaces de causar lesiones precancerosas.

“El Papanicolau evitó un montón de muertes por cáncer de cuello uterino desde que se empezó a implementarse de manera rutinaria en la década del 50 –destaca el doctor Zurita–. A medida que fueron pasando los años, las estrategias para evitar el cáncer de cuello uterino se fueron modificando y adaptando al progreso de la medicina. Ahora está superado en muchos aspectos por el tamizaje que detecta la presencia del virus del VPH, y que brinda la posibilidad de poder discriminar en qué mujeres voy a tener que buscar las modificaciones celulares. En una estrategia de tamizaje, de cada 100 mujeres a 80 las excluimos por ausencia de infección y vamos a trabajar específicamente sobre las otras 20 para determinar la presencia o no de lesiones de cuello de útero”, concluye el especialista.

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