Doña Patrona, la primera influencer del buen comer

Ella nunca lo supo ni imaginó que podría bautizársela así. Pero lo cierto es que Petrona C. de Gandulfo fue la primera influencer de la cocina, unas siete décadas antes de la aparición masiva de las redes sociales.

Nació en La Banda, Santiago del Estero, en junio de 1896, y desde muy chica hizo de las ollas y sartenes su mundo: aprendió de mamá Clementina las primeras recetas y a los 15 ya trabajaba en la cocina de una estancia santiagueña, donde se fue perfeccionando y… enamorando.

Allí conoció a Atilio Gandulfo, el encargado de la estancia que le llevaba 30 años, y cuyo apellido adoptaría para siempre (la “C” es de Carrizo, su apellido paterno). Se casaron y mudaron a Buenos Aires, en busca de un futuro mejor. No tanto el del planeta, porque poco después comenzaría la Primera Guerra Mundial.

En la gran ciudad Petrona ingresó como promotora en la Compañía Primitiva de Gas para vender… ¡cocinas a gas! Su destino estaba marcado, evidentemente. En los tiempos libres empezó a tomar clases culinarias cuyos conocimientos puso muy pronto en práctica porque -en un escalón más de la promoción de artefactos- pasó a cocinar en la vidriera del primer Bazar Dos Mundos (en la zona de Once). Fue la semilla de su carrera a la fama.

Petrona (ya “Doña” Petrona) fue contratada para publicar sus recetas en la mítica revista “El Hogar”, luego pasó a los micrófonos de Radio Argentina, Excelsior y el Mundo; y finalmente, a los 36 años, en 1932, salió a la venta un libro que estaría en cada hogar: “El libro de Doña Petrona – 1000 recetas culinarias”, el primero de la mesa popular argentina que, 90 años después, lleva 123 ediciones y más de tres millones de ejemplares vendidos.

El paso definitivo al olimpo de la buena mesa llegó con su estrellato televisivo. En LR3 Canal 7 hacia 1952, comenzó con un micro de recetas llamado “Variedades hogareñas”. Y en 1960, en el tercer día de emisión del flamante -y privado- Canal 13, fue la figura del que sería un clásico: “Buenas tardes, mucho gusto”, donde Petrona estaría durante 22 años, casi hasta los 86 años.

La dueña abosluta de la cocina nos dejaría una década más tarde, a los 95, siempre con su fiel asistente Juanita a su lado. Hasta muy poco antes de morir dio clases de gastronomía en su casa de Olivos. Porque por sobre todo, Doña Petrona -ajena a podcasts o cocinas moleculares- fue una maestra de la cocina, y sus platos, un verdadero “puema”.

 

Fuente Telam

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