El campo que menos se lee: la pobreza rural, la precariedad y la hostilidad en una novela

A diferencia de libros recientes donde el campo se presenta como una geografía para el refugio o funciona como escenario para la exploración literaria en sintonía con la cadencia de lo llano, en la novela “Malnacidos”, la dramaturga Natalia Villamil imagina una cartografía rural donde el campo es pobre y precario y cuya pasmosa realidad tiene efectos muy crueles en las vidas de sus protagonistas y en las formas de relacionarse.

Un aborto en condiciones dramáticas, un vestido de cumpleaños que costó mucho conseguir y termina embarrado, rompiendo con la ilusión de una fiesta; las verduras que se preparan en el fuentón, el olor a calor, la sensación “sucia” del encuentro sexual, la infidelidad de un jornalero con la hija de su patrón, la certeza de estar malparido. “Malnacidos” es una novela que se compone de escenas, de voces, de narradores y de imágenes, a partir de las historias principalmente de dos mujeres, las hermanas Mari y Marta. Para la autora, esos protagonistas “son como árboles que nacen torcidos por su propia naturaleza”, como dice.

“El tema de la pobreza recorre y recorrerá todas mis obras. Me interesa hablar de eso. No es algo que busco intencionalmente, me sale, surge, me gusta visitar esos territorios precarios, porque me interesa hablar desde algunas voces marcadas por la indiferencia”, asegura a Télam Villamil, dramaturga y creadora de piezas como “Rota” que en 2021 ganó el Premio Nacional del Instituto Nacional del Teatro. “Malnacidos” (Hasta Trilce) significa su irrupción en el género de la narrativa.

Villamil (1977) nació en Lobos que es no es el campo estricto pero sí un pueblo, y algo de ese imaginario, potenciado por los relatos de su mamá, se impregnó en su memoria y funcionó como material para su primera novela. La unidad que conforma este texto se empezó a gestar en talleres con Leonardo Oyola de escritura creativa, el escritor que define a la trama de Villamil en términos de “una crudeza tanto rural como universal y de un lirismo propio del paisaje que refleja”.

-¿Por qué elegiste como escenario el campo?

-Me gusta mucho el campo. Sus colores, sus sonidos, sus olores. En la actualidad puede ser un lugar de refugio donde suelo recuperar aspectos de mi infancia. Pero el campo, lejos del sentido romántico de ser visitado, es un lugar que puede ser muy hostil. No tiene demasiada salida a pesar de la llanura. Las paredes son débiles, los vientos eternos y arrasadores, el sol quema y raja la piel, la lluvia se filtra por los techos. Y la soledad se hace un embudo para chuparse las esperanzas. No tiene mucha razón de ser el campo cuando se está triste. Y esto es lo que le pasa a los personajes, tienen nostalgias de la ciudad que no pueden ni siquiera pisar. Y cuando la pisan, es para resolver un aborto mal hecho, un aborto clandestino; el de Marta.

-Hay diferentes puntos de vista con algunas presencias fuertes como el abandono o el padecimiento de los personajes. ¿Cómo compusiste los personajes, las problemáticas y las voces?

-La composición fue muy fluida. Me salía. Entiendo que el patriarcado es feroz y más en el campo donde los hombres se meten poco y nada en los conflictos de las mujeres de la casa y cuando intervienen puede ser de manera violenta. En el caso de “Malnacidos”, el padre es un padre impotente. Tiene problemas con su mujer, pues está enamorado de la hija del patrón, con quien mantiene encuentros sexuales. El hecho de haber sido descubierto lo sumerge en una depresión, se inclina por el alcohol y la vida no le interesa para nada. Deja solas a su mujer, a sus hijos y a su propia casa. Pero no es un padre violento. Ama como puede, pero la inoperancia de su lugar de hombre de campo, los deja una y otra vez a la intemperie. Y su único hijo varón, es un niño discapacitado que no hará honor a la descendencia esperada.

En el caso de la madre: la cosa es distinta. Ella está pendiente de la vida de sus hijos, pero no sabe querer. No en el sentido del término romántico “maternar”. Materna desde la violencia, desde la ignorancia, pero sobre todo desde el miedo y la imposibilidad de poner palabras a eso. Sin embargo, cada vez que sus hijos corren peligro se enloquece. Cada vez que piensa en la infidelidad quiere matar a un hijo. Una suerte de Medea.

En el caso de Marta, queda embarazada por un abuso y no quiere ese bebé. Lo tiene claro. Capaz de hacer cualquier cosa con tal de no parir. Su hermana, mujer de todas las que habitan Malnacidos, es la que más puede, hace lo imposible para ayudarla. Pero al final de todo y más acá del amor, en un momento decide irse.

-En ese sentido, las vidas de “Malnacidos” están atravesadas por las condiciones de haber nacido en la pobreza rural. ¿De qué modo el lugar dónde nacemos determina nuestra existencia? ¿Cómo surge eso eso en la novela?

-“Malnacidos” surge charlando con Nati Rodríguez Simón, con ella trabajamos la corrección del texto. Yo no tenía sistematizado una forma de llamarlos. No sabía si usar por ahí alguna frase que había en el libro o pensar en un título más largo. Me gustan los títulos de una sola palabra y me surgía Maldecidos, pero parecía como que tenían una maldición, y en parte sí, pero no cerraba con lo que en realidad pasa en el libro. No los maldice un rayo, ni un Dios en el medio del campo y les quema la posibilidad de vivir. Están malnacidos porque el nacimiento de cada uno de ellos, estuvo signado por alguna cuestión más del orden de lo terrenal, y no de lo divino. Nacieron con la crueldad de la pobreza en el sentido económico y psicológico, entonces; son como árboles que nacen torcidos por su propia naturaleza. Es un poco polémico. Yo considero que se puede mal nacer y torcer esa circunstancias, pero a veces, la realidad circundante no colabora y parece entonces una verdadera maldición. Y el lugar de nacimiento determina la existencia, para bien o para mal. Claramente las condiciones sociales generan una especie de determinismo psicológico. Sin embargo; en ellos se produce un quiebre e intentan cambiar.

El lector o lectora tal vez advierta el cambio pequeño, fugaz, frente a la ferocidad de todo lo que les pasa. Esto es porque yo considero que ellos no pueden cambiar como la gente quiere que cambien, sino como ellos van pudiendo. La felicidad es subjetiva, como siempre.

-¿Y cómo opera allí la interrupción del embarazo de una de sus protagonistas?

-Lo que ocurre en la novela es que un hecho determinado en la vida de Marta; un embarazo no deseado, genera el drama familiar porque pareciera que eso que le ocurre (que en ese mundo es lo peor que se puede esperar) desata de una manera inconsciente el drama particular de su madre, de sus hermanos, de su padre y de sus patrones. Cada uno se va relacionando y va desplegando sus males. Los pobres tienen sus males, pero los ricos tienen los suyos. Hay que pararse allí y ver la perspectiva de los sufrimientos.

-Es tu primera novela aunque tiene zonas que se vinculan con tus obras de teatro como la pobreza que señalabas. ¿Qué diferencias supuso trabajar en una novela en relación a la dramaturgia que es de donde venís?

-Cuando escribo teatro soy muy narrativa, cuando escribo narrativa soy muy teatral. La dramaturgia es una disciplina que parece desprenderse de la literatura y navegar solita, pero es muy sabia. Atesoramos la composición de personajes bien sólida, porque van a ser vistos y escuchados en un tiempo real y no como en literatura que se puede dejar el libro y retomarlo más tarde. Escribir teatro es tener personajes vivos constantemente. Si mueren un poquito corremos el riesgo de desbalancear la escena y eso es imperdonable. Para la narrativa sirve mucho que los personajes tengan ese fuego.

Y en lo que tiene que ver con la trama condensada que supone el teatro muchas veces me dejaba con las ganas de escribir, de explayarme, de averiguar otros tiempos, de poder ir y venir a otros lugares sin por eso estar pensando en que la condensación es lo más valioso cuando escribimos teatro. En narrativa puedo, ser tan libre como eficaz. Y me di un gustito; el de hacer un monólogo del personaje de la madre, que puede despistar al lector/a de narrativa, pero puede deleitar al lector/a de teatro.

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