“El pingüino es un gran disparador de debates y soluciones a nivel global”

Lo expresó el biólogo del CONICET y fundador de Global Penguin Society, Dr. Pablo García Borboroglu, quien fue laureado recientemente con el Premio Rolex por su labor en la investigación y conservación de estas aves marinas.

En una semana, el biólogo por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, doctor en Biología por la Universidad Nacional del Comahue, investigador del Centro Para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR/CCT CENPAT CONICET) y fundador y presidente de Global Penguin Society (GPS), Dr. Pablo García Borboroglu, experimentó, una vez más, los frutos que le daban los más de 30 años dedicados al estudio y la conservación de los pingüinos.

Momento Eureka “La primera persona que me habló de un pingüino fue mi abuela Melania, que vivía en Comodoro Rivadavia”, cuenta Pablo, Popi como lo llaman sus conocidos. Si bien en sus inicios consideró estudiar diplomacia y abogacía, finalmente se decidió por biología. La agencia de viajes que tenían sus tíos en Chubut, fue el disparador para que Pablo, de 19 años, entre en contacto con los pingüinos y comience la tarea de rescatar ejemplares empetrolados y la necesidad de contactarse con referentes en el tema, entre ellos la bióloga y profesora de la Universidad de Washington, Dra. Dee Boersma, con quien años más tarde compartiría la labor en GPS y coescribiría un libro, titulado “Pingüinos” (2015), editado en Argentina, Estados Unidos y próximamente, en Japón. En 1991, se produjo un gran derrame de petróleo en el sur de nuestro país que afectó 17 mil pingüinos, y Pablo -ya estudiante de Biología en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco- junto a algunos compañeros crearían un centro de rehabilitación en Punta Tombo, Chubut. La atención que recibió de la prensa este tema hizo que se visibilizara a nivel gubernamental y social, y a partir de esto, las rutas de los petroleros se alejaran de la costa. “Tanto el sector público como privado pueden tener un rol en la conservación”, al mencionar que más del 50% de las 18 especies de pingüinos del mundo están consideradas como amenazadas según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En comparación a décadas anteriores, el panorama respecto a la mortalidad de pingüinos de Magallanes por efectos del petróleo en Chubut se presenta favorable: “En la década del ochenta, se registraban 40 mil pingüinos muertos por año, hoy no hay más de 20 por año”. Las principales amenazas de estas aves marinas son el cambio climático, la pesquería comercial, la contaminación marina (antes por el petróleo, ahora por el plástico), y en tierra, el disturbio humano, la introducción de predadores y “actualmente estamos analizando la dimensión del tráfico ilegal”, añade.

Pablo sentía que la tarea de investigación pura no alcanzaba, “se necesitaban acciones: una coalición que funcione como un network internacional para capitalizar toda la ciencia y generar lugar para que los investigadores puedan proyectarse en conservación”, así, en 2009, nacería la organización ambiental mundial, Global Penguin Society.

Ciencia, manejo y educación Actualmente, se encuentra trabajando en campo en diferentes países, incluyendo Nueva Zelanda, para estudiar los pingüinos de Fiordland, una de las especies de pingüinos menos conocidas del mundo, que registra 3000 parejas en su población. Trabaja con transmisores para conocer en tiempo real y online dónde están y dónde comen. Además, estudia el pingüino rey de Chile y el Magallanes de Argentina, de septiembre a marzo. Pablo, casado con la bióloga Laura Marina Reyes, pone especial atención en el trabajo con los propietarios de estancias y los gobiernos para desarrollar planes de manejo, de manera tal que las colonias prosperen y haya una operación ecoturística sustentable. “Trabajo y recursos genuinos para las economías regionales, y valor de conservación superior”, subraya. Un círculo virtuoso que se compone de ciencia para investigar; educación con comunidades, destinado principalmente a chicos oriundos del lugar que “en un futuro serán tomadores de decisión”, y el trabajo con gobiernos o propietarios para que haya una operación sustentable con la finalidad de conservar y aumentar la valoración de las especies naturales. “En conservación trabajamos para cambiar la conducta de la gente y el desafío es llegar a la comunidad internacional”, reflexiona.

Hace días, el presidente de la GPS recibió, junto a otros pares, el Premios Rolex a la Iniciativa justamente por una propuesta que integra ciencia, manejo de hábitats y educación con el fin de mejorar el conocimiento científico de estas tres especies (pingüinos de Magallanes, pingüinos rey y pingüinos de Fiordland, en Argentina, Chile y Nueva Zelanda) y su propósito de llevarlo a nivel global abordándolo desde la comunicación y la divulgación. También, promover la creación de áreas marinas protegidas y mejorar su gestión. Este no fue el único reconocimiento, en 2018, ganó el Whitley de Oro (Whitley Gold Award), conocido como el “Oscar verde”, y lo recibió de la mano de la princesa Ana en la Real Sociedad Geográfica de Londres, con presencia de otros miembros de la Familia Real, celebridades, filántropos y organizaciones ambientales de Europa. Paradójicamente, lo recibió el 25 de abril, el Día Mundial del Pingüino. Ese mismo año, también recibió el premio Buffet de National Geographic por su liderazgo en conservación, y en 2009, el Pew Fellowship in Marine Conservation.

Sobre Premios Rolex a la Iniciativa: llevan más de 40 años apoyando a personas con proyectos que avanzan el conocimiento humano, protegen el patrimonio cultural o ayudan a la conservación de hábitats y especies naturales.

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