Elena Ferrante, el dispositivo de escritura que se construye a espaldas de la época

Sin que se conozca su cara, sin redes sociales y sin certezas sobre quién firma detrás del seudónimo, la autora consigue cautivar a la comunidad lectora. Lo más reciente que llegó de Ferrante a la Argentina es “En los márgenes”, una recopilación de ensayos, y tres conferencias que le propusieron escribir para que sean leídas en la Universidad de Bolonia.

Con libros tan reconocidos como “La hija oscura” o la saga “Dos amigas” -ambas trasladas al lenguaje audiovisual-, Elena Ferrante consigue cautivar a una comunidad lectora que la sigue a medida que se publican sus obras aunque no se conozca su cara, no esté en redes sociales y no haya una vida reconocible detrás de su firma, un desconocimiento que parece ir a contramano de una época en la que hay avidez por saber si existe semejanza entre lo que alguien escribe y lo que vivió, y en la que el universo de autores y autoras puede espiarse a través de sus cuentas en Twitter o Instagram.

Lo más reciente que llegó de Ferrante a la Argentina es “En los márgenes”, una recopilación de ensayos, traducidos del italiano por Celia Filipetto que incluye un texto sobre El Dante y la “Divina Comedia”, y tres conferencias que Costantino Marmo, director del Centro Internacional de Estudios Humanísticos Umberto Eco, propuso a la autora para que sean leídas en la Universidad de Bolonia.

La invitación llegó vía mail, el canal de comunicación por el que ha dado poquísimas entrevistas la escritora cuya identidad nunca se confirmó, aunque algunos se la atribuyen a Anita Raja, traductora de la editorial que publica sus libros, pero lo cierto es que no hay certezas de quien firma detrás de ese seudónimo.

El correo enviado por Marmo se transcribe en la introducción del libro editado por Lumen. Allí el “anfitrión” explicita su propósito: que las conferencias aborden temas vinculados a la escritura, la poética de Ferrante y su técnica narrativa llegando a un público no especializado. Eso fue en 2020, previo a la pandemia, cuando los eventos públicos no eran una opción. Transcurrida la etapa de aislamientos y encierros, las conferencias estaban escritas y la actriz Manuela Mandracchia las leyó en el Teatro Arena del Sole de Bolonia en noviembre del 2021.

“La pena y la pluma”

En la primera, “La pena y la pluma”, la autora rodea la idea de escritura: qué significa, cómo se lanzó a esa actividad. Y ahí aparece una figura como la de Virginia Woolf de la que cita fragmentos de sus diarios y retoma una idea: “Escribir es alojarse dentro del propio cerebro, sin dispersarse en las modalidades numerosísimas, variadas y subalternas con las que, en cuanto Virginia, se vive a diario una vida no elaborada”.

Esa definición implica para Ferrante la posibilidad de pensar a quien escribe (y pensarse) como “una entidad, por completo independiente de la persona definida en el registro civil (Woolf), produce palabras escritas en un aislamiento de suma concentración”.

Es como si decidiera tirar de ese hilo para hablar de su proceso de escritura y de sus intereses, entre los que reconoce el de narrar la espera, esa instancia en la que se dispone a dar tiempo para que “la mujer abyecta y vil” que dice ser “encuentre la manera de hacer oír su voz”.

Al momento de hablar de sus personajes aparece una certeza que puede comprobarse en sus ficciones en las que no hay malos o buenos, extremos observados con una vara moral. “Se me antojan falsos cuando muestran una nítida coherencia; me enamoro de ellos cuando dicen una cosa y hacen lo contrario”.

“Aguamarina”

El que sigue es “Aguamarina” y ese título la ayudará a reflexionar sobre la conflictiva relación que asume Ferrante con el italiano y el dialecto porque le importan las marcas de oralidad y en un principio, al transcribir ese dialecto que le era tan cercano en su cotidianeidad, le sonaba alejado del auténtico.

Será un anillo de su madre con una piedra aguamarina el que la ayude a tirar de otro hilo, el de la autenticidad para retomar y plasmar el dialecto en su escritura. El asunto con el anillo es que ella se esforzaba en intentar describir ese color, o mejor dicho ese tono, pero iba cambiando la percepción una vez que los veía escritos y le resultaban forzados, artificiales.

Ese ejemplo le permite a Ferrante asumir su obstinación o vocación realista que fue desestimada cuando asumió que “quien narra siempre es un espejo deformante”. Fue el descubrimiento del pasaje de la tercera a la primera persona el que la ayudó a encontrar un registro más cercano y menos artificial en relación a esa lengua que despliega en sus novelas pero en especial en la saga “Dos amigas”, pero eso será eje de su próxima conferencia: antes hay más hallazgos en su camino de escritura.

Ese punto de partida de una escritura en primera persona fue el que impulsó sus obras de los 80, “El amor molesto”, “Los días de abandono” y “La hija oscura” que se publicaron hace un tiempo juntas y con el título “Crónicas de desamor”.

“El hecho de imaginarme a Delia, Olga, Leda como primeras personas que narran por escrito -a ellas pertenece la escritura que el lector tiene a la vista- fue importante para mí. Me permitió imaginar -insisto a propósito de este verbo- también a mi yo que escribe no como una mujer que entre sus muchas actividades se dedica a la literatura, sino como exclusivo proceso literario, una autora que, al generar la escritura de Delia, Olga, Leda, se genera a sí misma”, dice Ferrante y suena a clave para acercarse a esas historias.

“Dos amigas”

Ese camino se consagra con la tetralogía “Dos amigas”, protagonizada por Lila y Lenú que llegó a HBO Max bajo el título “My Brillant Friend” con una superproducción en la que estuvo involucrado otro amante de Nápoles: el cineasta Paolo Sorrentino. La serie ya tiene una cuarta temporada anunciada pero sin fecha de estreno definido.

A estas amigas y ese universo napolitano en el que la autora se hace cargo de la época, de los conflictos de cada período y de las decisiones de dos mujeres que desafían a su clase para proyectar destinos diferentes -fundamentalmente- a los de sus madres, se dedica Ferrante en la tercera conferencia titulada “Historias, yo”.

Y en la reflexión acerca de cómo trabajó a esas dos protagonistas de las novelas “La amiga estupenda”, “Un mal nombre”, “Las deudas del cuerpo” y “La niña perdida” -que componen la saga de las amigas- es donde se encuentran más definiciones acerca de lo que es para Ferrante escribir.

“La escritura es, en definitiva, una jaula en la que nos metemos enseguida, desde la primera línea que escribimos”, dice en un pasaje y marca que el desafío consiste en aprender a utilizar con libertad la jaula en la que nos encontramos encerradas. Se trata de una dolorosa contradicción: ¿cómo utilizar con libertad una jaula, ya sea esta un género literario sólido o costumbres expresivas consolidadas o incluso la lengua misma, el dialecto”.

Para Ferrante, el dialecto es casi un tema recurrente: confiesa que escrito siempre le resultó artificial y lo borró, desistió de incorporarlo, en cambio lo transformó en un italiano con entonación napolitana. A su oído le resultaba una traición esa transcripción. De esos detalles se van construyendo los personajes de sus libros, hombres y mujeres que están dispuestos a pagar costos por moverse en el mundo, que están atravesados por la violencia pero también la saltan, se la apropian y se vuelven a parar ante sus posibilidades.

Las mujeres sin duda son las que pagan los costos más altos: en muchos casos es la locura las que las define, las victimiza y las expulsa de esa vida en sociedad en la que la maternidad no es un rol dado, establecido y adaptable para todas por igual. Están las que se entregan al cuidado -las menos-, las que aun amando a sus hijos deciden alejarse o priorizar caminos personales en los que ellos no entran, aunque sea por un tiempo.

La escritora dice que el relato de la escritura de esas protagonistas es “el hilo que mantiene unido todo el encuentro-desencuentro de las dos amigas y con él, la ficción del mundo, de la época en la que ellas actúan”. Y de esa época es de la que también se hace cargo Ferrante en “La vida mentirosa de los adultos”, su más reciente novela, que también está ubicada en Nápoles y con una narradora en primera persona como protagonista.

Después del éxito de la película “La hija oscura”, esta historia es la próxima de la autora que llegará a Netflix, cuyo estreno está previsto para fines de 2022 cuando su universo napolitano tenga una nueva representación.

 

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