Los loros y otras aves psitácidas son mascotas que, al igual que perros y gatos, pueden experimentar serios problemas conductuales que dificultan la convivencia. Al ser aves que establecen “relaciones sociales complejas”, necesitan un ambiente con estímulos adecuados. Cuando esto falla, aparecen los trastornos.

A través de un informe de la revista especializada Ateuves, dos de los problemas más habituales son la ansiedad por separación y los celos:
Ansiedad por separación
Este trastorno, menos estudiado que en los perros, es provocado por la “excesiva dependencia del ave hacia su dueño”. Esto genera que el animal se inquiete cuando el propietario se va o simplemente “cuando lo traslada a otra habitación”.
La ansiedad lleva al loro a realizar “conductas destructivas y vocalizaciones excesivas” (gritos), con el fin de captar la atención.
El informe también señala el caso del ave que “sólo tolere a una persona”. Esto se origina cuando interacciona únicamente con un miembro de la familia y puede llevar a que se muestre “agresivo” con el resto.
Celos y agresividad
De manera similar, los celos aparecen cuando existe un “apego excesivo”. El ave puede mostrar celos hacia otros miembros de la familia con “conductas agresivas como picotazos o erizando las plumas”.
Estos celos también pueden focalizarse hacia otras mascotas de la casa, como perros o gatos. El informe advierte que las aves de gran tamaño “pueden llegar a producir graves lesiones con el pico”.
Frustración sexual
Finalmente, el artículo destaca las alteraciones de tipo reproductor, que son “el resultado de un estado de frustración sexual”.
Este problema surge cuando “el ave elige como pareja sexual al miembro de la familia al cual tiene mayor apego”. El animal dirige hacia esa persona su instinto reproductor, realizando “rituales de cortejo”. La “necesidad no satisfecha” le genera ansiedad, lo que conduce a la “agresividad y frustración”, mermando a largo plazo su salud.