“La tartamudez no tiene que acallar a las personas”, dijo joven sobre su experiencia de superación

Fernando Medina Walker padece desde los cinco años de esa alteración en la fluidez del habla afecta a 1% de la población mundial, y da su testimonio en el Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez.


“La tartamudez no tiene que acallar a las personas”, aseguró Fernando Medina Walker, quien desde los 5 años tiene un trastorno del ritmo para hablar, al contar a Télam su experiencia de superación y su dedicación a brindar charlas a padres y madres para ayudarlos a que sus hijos no atraviesen lo que él vivió 30 años atrás, en la víspera del Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez.

Esa alteración en la fluidez del habla afecta a 1% de la población mundial, por lo que se celebra ese día cada 22 de octubre con el objetivo de “generar cambios para desmitificar lo negativo, el prejuicio y la burla y lograr que sea un hecho natural y público”, aseguraron desde la Asociación Argentina de Tartamudez (AAT).

La fecha fue promovida por la Asociación Internacional de Tartamudos (ISAD), con el apoyo de la Asociación lnternacional de Fluidez (IFA) y la Liga Europea de Asociaciones de Tartamudez.

Desde Demóstenes (famoso orador griego tartamudo que se ejercitaba colocando piedras dentro de su boca y hablando frente al mar) hasta nuestros días, las historias de superación de la tartamudez abundan y estimulan, lo que llevó a Medina, casado y papá de 3 hijos, a querer contar su experiencia,

“Soy tartamudo desde los 5 años y durante mucho tiempo mantuve un tratamiento sin obtener una mejora”, contó en diálogo con Télam Fernando, de 39 años, sobre una experiencia que lo llevó a concientizar sobre este tema.

“Siento una necesidad grande de ayudar a los niños y niñas de esta época para que no pasen lo que yo pasé hace 30 años atrás”, agregó.

Medina, que vive en Daireaux, provincia de Buenos Aires, explicó que “no es lo mismo hacer un tratamiento con una fonoaudióloga especializada en esta problemática que con una que no lo es” y destacó que “hoy la atención es distinta; un chico después de 3 meses de un buen tratamiento cambia y también la familia cambia y deja atrás esa angustia grande que tenía con este tema”.

Medina sostiene un lema: “Nunca dejes que la tartamudez avance sobre uno” y esa premisa lo llevó a superar situaciones de discriminación como cuando estudió en una universidad privada en la que le pidieron un certificado médico para poder dar un examen, o cuando buscó trabajo y fue rechazado sólo por su dificultad en el habla.

“Es duro, es difícil”, reconoció Medina Walker, y evaluó que “si dejás que la tartamudez te gane, te encerrás y te metés en una burbuja de la que es muy difícil salir”.

“Si hoy hablo así como hablo, es porque le gané. Soy tartamudo y a veces me trabo, pero cuando estoy tartamudo, no me callo”, afirmó.

Y añadió: “La tartamudez no tiene que acallar a las personas..Las personas están por encima de la tartamudez y la sociedad tiene que saber que al tartamudo se lo escucha igual que a uno que no lo es”

“Me encanta hablar, soy feliz hablando y la tartamudez nunca me va a impedir que yo hable”, concluyó al compartir su historia.

Otros casos

Recientemente otros casos de superación de la tartamudez cobraron espacio público, como el de Francisco Benítez, un cordobés de 22 años que se consagró ganador 2021 del concurso de TV La Voz Argentina, al cautivar al jurado y al público por su forma de interpretar y la calidez de su voz.

Disfluente (como se denomina al trastorno en el ritmo de habla) desde los seis años, Francisco no tartamudea cuando canta.

“He sido el chico con problemas siempre, sufrí mucho el no animarme a hablar en público. No salía de mi casa, no quería hablar con nadie, estuve solo en mi pieza y llegó un punto en el que no quería estar más en este mundo”, reveló el joven en una de sus primeras audiciones del programa, cuando confesó que “lo que me salvó fue cantar”.

La tartamudez o disfluencia es un trastorno caracterizado por dificultades para avanzar en la secuencia de los movimientos del habla que se manifiesta en las prolongaciones o repeticiones de sonidos, sílabas, palabras o frases.

Las estadísticas internacionales señalan que afecta al 1% de la población, con una edad de inicio entre los 2 y los 7 años y que el 98% de los casos aparece antes de los 12 años, siendo más frecuente en hombres que en mujeres.

Según la Asociación Internacional de Tartamudos, la disfluencia responde a un factor predisponente relacionado con ciertas alteraciones en las áreas cerebrales que son responsables de la coordinación y sincronización de los movimientos del habla.

Estudios recientes determinaron que sus causas estarían genéticamente determinadas. Se descubrió que el 50% de las personas con disfluencia tienen un familiar cercano que también padece o padeció tartamudez y el porcentaje se eleva a un 80% si se consideran parentescos más lejanos como abuelos o tíos.

“La dificultad de sostener la fluidez del habla no compromete la inteligencia ni el carácter y no es un obstáculo para lograr los objetivos que nos proponemos en la vida”, aseguró a Télam la fonoaudióloga Claudia Lucia Díaz, especializada en disfluencia y expresidenta de la AAT que trabaja junto con Medina Walker en las charlas de superación.

Díaz aconsejó recurrir a fonoaudiólogos especializados en el tema para “abordar un tratamiento adecuado, de ser necesario, de modo temprano”.

“Hacer un diagnóstico diferencial para aplicar pautas sin perder tiempo, ni esperar evitando que el cuadro se instale dentro de la estructura del lenguaje”, aconsejó.

La especialista, también representante de la International Cluttering Association (ICA) recomendó “tratar de sostener el contacto con la mirada, no completar las frases, esperar el turno para hablar en toda situación, no acallar el tema para ayudar a que, la comunicación esté centrada en el contenido y no en la forma”.

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