Otitis: una afección que aparece con el verano

Con la llegada del calor, las altas temperaturas impulsan a buscar formas de refrescarse y, como consecuencia del uso frecuente de piletas o incluso visitas al mar, es en esta etapa donde más personas expresan molestias auditivas relacionadas a los hábitos del clima estival. En este sentido, la otitis de verano –también conocida como “otitis del nadador”- es la estrella.

Por Ma. Agustina Leiro (MAT. 8343) – Lic. en Fonoaudiología del equipo GAES.

Según estudios recientes (1), cerca del 10% de las personas desarrollarán otitis externa a lo largo de su vida, y la mayoría de los casos (95%), serán agudos. Por otra parte, el 84% de los casos se producen durante el verano y en climas tropicales; posiblemente relacionados con el aumento de la humedad. Se cree que esta respuesta inflamatoria está causada por una alteración del pH normal y de los factores protectores dentro del conducto auditivo.

Esta molesta infección se origina por la entrada de agua y humedad prolongada en el conducto auditivo externo. Es bastante dolorosa y se produce, principalmente, por las aguas poco salubres y, en caso de no tratarla, la enfermedad puede agravarse.

Pero, aunque suele ser la más reconocida durante el verano, el agua no es el único posible agente de infecciones de oído. El abuso del aire acondicionado también puede ser una causa importante de esta patología. Este tipo de dispositivos reduce la humedad del entorno y provoca un ambiente artificial frío y seco que afecta a las vías respiratorios y el oído. También la falta de agua en el organismo y la consiguiente deshidratación puede provocar acúfenos, sobre todo por la disminución del volumen de sangre en circulación y la tensión arterial baja.

Normalmente asociamos los problemas auditivos al invierno, pero el verano también hace las suyas. Los cambios de temperatura bruscos que se producen por los chapuzones, las corrientes de aire o los viajes en avión, son algunas de las actividades que ponen en riesgo nuestra salud auditiva.

No hay mejor antídoto que la prevención. El siguiente decálogo de consejos busca resguardar los oídos durante el verano:

Mantener las orejas limpias y secas tras cada baño.
Asegurarse de que el agua de la pileta o playa esté limpia, porque bañarse en aguas contaminadas puede causar infecciones auditivas.
Sumergirnos poco a poco, para que el agua no entre bruscamente en nuestros oídos.
Utilizar protectores a medida es el método más efectivo para que el agua no entre en los oídos.
Durante los viajes en avión, evitar dormirse en el aterrizaje y despegue. Se puede bostezar, mascar chicle o un caramelo para destapar los oídos.
Tener especial cuidado con las corrientes de aire y uso de aires acondicionados que afectan los oídos.
En los conciertos o fiestas masivas hay que evitar exponerse a ruidos fuertes y a corta distancia.
Tomar agua frecuentemente para evitar sufrir los mareos y acúfenos provocados por la deshidratación.
No introducir objetos en los oídos como hisopos, ya que pueden dificultar el sistema natural de limpieza que tiene el oído, provocando tapones y finalmente, lastimar el organismo.
Ante el menor síntoma o molestia, acudir al médico para que pueda tratar las infecciones de oído de manera prematura y evitar desarrollar un problema mayor.

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