Pacientes oncológicos y la importancia de un sistema inmune fuerte

Los tratamientos convencionales pueden debilitar las defensas y elevar las probabilidades de infecciones. Recomendaciones sencillas para reforzar la salud de los pacientes.

El cáncer y sus tratamientos, especialmente la quimioterapia, pueden debilitar las defensas y el sistema inmune, lo que aumenta el riesgo de sufrir una infección, pero también de que el cáncer pueda extenderse sin contar con la protección del propio organismo para combatirlo. En un paciente oncológico cualquier problema en la salud puede agravarse rápidamente, por lo que se recomienda tener cuidados especiales y disminuir el riesgo al máximo teniendo un sistema inmunológico fuerte.

El sistema inmunológico, compuesto por una red compleja de células, órganos y tejidos, es el encargado de defender al organismo ante las infecciones, como las bacterias y los virus. A través de una reacción organizada, el cuerpo ataca y destruye los organismos infecciosos que lo invaden, cuando el sistema inmune está menos activo que lo normal decimos que el paciente tiene una baja en sus defensas, lo cual lo torna más susceptible a contraer infecciones.

La principal terapia para el cáncer es la cirugía, seguida por las complementarias como quimioterapia, radioterapia y hormonoterapia. Durante el tratamiento habrá momentos en los que el cuerpo no podrá defenderse a sí mismo tan eficazmente, ya que uno de los efectos secundarios más frecuentes en pacientes de cáncer es la neutropenia, el descenso del número de los leucocitos o glóbulos blancos que serán los encargados de protegernos de virus e infecciones.

La baja de defensas o neutropenia aumenta el riesgo de que una infección menor se agrave y conllevar a complicaciones, poniendo en riesgo la salud del paciente. Mantener el peso corporal y estar fuertes es de suma importancia durante el tratamiento contra el cáncer.

RECOMENDACIONES PARA ELEVAR LAS DEFENSAS EN PACIENTES ONCOLÓGICOS

  • ALIMENTACIÓN: Una buena nutrición es importante para cualquier persona, pero es vital cuando se padece algún tipo de cáncer. Es indispensable para que el cuerpo incorpore los nutrientes, reemplace tejidos y se mantenga fuerte y en buen estado, por ello es importante que disponga de las vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos y grasas que necesita a través de una dieta dirigida bajo supervisión médica. El objetivo es mantener peso, fuerza y evitar infecciones. Además, cuanto más nutrido esté el paciente, mejor soportará los tratamientos y sus efectos secundarios.
  • EJERCICIO: Si bien el tipo de ejercicio dependerá del paciente y su salud, el papel que juega en el estado del paciente es cada vez más importante. Es útil durante y después del tratamiento, ya que aportan numerosos beneficios, como una mejora significativa en la fatiga y en la sobrevivencia para algunos cánceres avanzados.
  • VIDA SANA: Llevar un estilo de vida saludable no solo aumentará las posibilidades de mejorar en un plazo menor de tiempo, sino que ayudará al paciente a tener una mejor calidad de vida y reducir las chances de padecer otras enfermedades. Mantener un descanso equilibrado con sueño de calidad también será vital para los pacientes oncológicos.
  • AGUA: Ingerir poca agua o perderla debido a los efectos secundarios de los tratamientos puede ser peligroso y llevar el cuerpo a la deshidratación. Por lo tanto, es importante beber toda el agua necesaria e incluso un extra si sabemos que podemos estar perdiendo líquido.
  • MANTENERSE POSITIVOS: Cuando se diagnostica cáncer el paciente puede entrar en un camino largo que puede afectar su salud física y mental. Una recomendación para afrontar la enfermedad es aprender más sobre el cáncer que padecen, de esta forma la enfermedad será menos misteriosa y temible. El aspecto psicológico será vital para poder atravesar este mal momento. Los pacientes no deben tener miedo de decir a sus doctores o familiares lo que están sintiendo. Es muy importante buscar ayuda de un terapeuta cuando hay cambios que causan malestar o infelicidad.
  • HIGIENE: No compartir objetos personales al comer o beber, evitar aglomeraciones y el contacto con personas enfermas y lavarse las manos con frecuencia durante el día, sobre todo antes y después de las comidas.

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