Pastizales del futuro: ganadería con servicios ambientales

Las exigencias planteadas al sector ganadero, en términos de una gestión responsable de la actividad, promueve el debate sobre cómo compatibilizar la producción con la provisión de servicios ecosistémicos. El INTA ocupa un rol central en el aporte de conocimiento técnico y científico para una adecuada gestión de la principal fuente de forraje para el ganado.

Los pastizales naturales son áreas que sustentan una vegetación nativa, que es utilizada como fuente de forraje para animales domésticos o silvestres, y representan el 29 % de la superficie terrestre. El 5 % de la población mundial habita en pastizales naturales y depende de los servicios ambientales que los mismos brindan.

Estos ecosistemas son fuente de forraje para el ganado (aportan el 75 % del forraje para animales domésticos y el 99 % para animales silvestres), intervienen en la protección de cuencas hídricas y la conservación de los suelos, son hábitat para la fauna silvestre, son una fuente de combustible y madera, constituyen una reserva de material genético y son un recurso recreativo y cultural para el ser humano.

El sector ganadero se enfrenta a mercados exigentes, que plantean una responsable gestión ambiental de las producciones. Se trata de un verdadero cambio de paradigma, alentado por consumidores informados.

En este sentido, en el marco del Programa “Forrajes, Pasturas y Pastizales”, el INTA organizó un webinario que contó con exposiciones de investigadores del organismo, con el objetivo de promover el debate sobre la multifuncionalidad de los pastizales, compatibilizar la producción ganadera con la provisión de servicios ecosistémicos y analizar las tecnologías de pastoreo vinculadas al manejo sustentable de los pastizales naturales.

Pastizales naturales bajo uso ganadero: ¿secuestran carbono?

En el último tiempo, la capacidad de los pastizales naturales para secuestrar Carbono cobró relevancia a escala global y a nivel científico. Hay una demanda cada vez mayor por parte de la sociedad respecto de cómo se producen los alimentos y qué impacto generan en el ambiente, y la pandemia también vino a poner en cuestión cómo nos relacionamos con el ambiente.

“El trabajo del INTA es poder empezar a brindar datos sólidos que den respuestas a estas demandas”, sostuvo Juan Gaitán, investigador del Instituto de Suelos del INTA Castelar y explicó que en la Argentina “un aumento de un 1% anual del carbono almacenado en las tierras de pastoreo compensaría el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país”.

Sin embargo, el panorama es complejo porque la mayoría de los pastizales naturales argentinos se encuentran en tierras secas donde las precipitaciones que favorecen el almacenamiento de carbono son escasas, mientras que “la aridez y el sobrepastoreo tienen un efecto convergente negativo sobre la funcionalidad del suelo”, señaló el especialista.

En este sentido, “evidencias locales muestran que los pastizales pampeanos y patagónicos tienen stocks estables de carbono en el suelo, es decir que por el momento no secuestran carbono adicional”, indicó Gaitán y agregó: “En los pastizales áridos de la Patagonia se observa variabilidad en los stocks de carbono en suelo asociados a la variabilidad del clima”.

Para Gaitán, que también es coordinador del Proyecto de Monitoreo de la Degradación de Tierras del INTA, “el manejo del pastoreo debería permitir mantener e incrementar la cobertura de pastos palatables y la riqueza de las especies, lo que contribuirá a mitigar los impactos negativos del cambio climático”.

“Es necesario desarrollar una red nacional de monitoreo para poder realizar un seguimiento del estado de salud de nuestros ecosistemas”, puntualizó el investigador, quien además aseguró que el INTA trabaja en un proyecto con el objetivo de “desarrollar una red de monitoreo, no solo de pastizales, sino también de bosques y tierras agropecuarias, donde periódicamente y a largo plazo, podamos medir indicadores relacionados al estado de salud de los ecosistemas con protocolos estandarizados”.

Gestión del pastoreo: oportunidades y desafíos

A partir de una experiencia situada en el campo natural de biomas Pampa y Espinal, el Centro Regional Entre Ríos del INTA, realizó importantes aportes a la gestión del pastoreo. “Encontramos sistemas productivos ganaderos de cría bovina o mixta, con bajos índices productivos, bosques degradados, una baja adopción de tecnología, baja capacidad de carga y baja receptividad”, explicó Lucrecia Lezana, investigadora del INTA EEA Paraná.

El recurso forrajero del Espinal sustenta el 50% del stock ganadero de Entre Ríos y allí se pudo observar que “la degradación del ecosistema respondía, en primer lugar, a un proceso de cambio de uso de la tierra para uso agrícola, y en segunda instancia, a un proceso de sobrepastoreo que genera una pérdida continua de la receptividad”, señaló la especialista.

“Cuando indagamos desde el punto de vista de los predios y los productores, observamos que existía una baja adopción de tecnologías de mejora de los sistemas ganaderos y un bajo control del subsistema de producción”, indicó Lezana y agregó: “Esto es importante porque tenemos ciclos ganaderos largos que dificultan la visualización del impacto de las prácticas y las tecnologías que podrían implementarse, y además falta información acerca de la superficie accesible de pastoreo”.

Estos problemas afectan al sistema de gestión y de producción porque “los productores suelen asignar cargas de manera errónea, es decir que trabajan con cargas muy superiores a las que el ecosistema puede soportar”, aseguró la especialista, quien además sostuvo que, en este contexto, “existe una mayor vulnerabilidad ante factores que no podemos controlar, como el clima”.

La propuesta del INTA es “dejar de pensar que en estos sistemas sólo se produce carne y un ingreso económico para empezar a poner en valor los otros servicios ecosistémicos”, consideró Lezana, porque en un escenario de degradación, además de producir poca carne, aparecen otros efectos no deseados: “Si en estos ecosistemas hablamos de aves como un componente importante de biodiversidad, las poblaciones se ven reducidas; la productividad forestal y apícola disminuyen; el bienestar animal se ve afectado porque estos ambientes tienen menor capacidad para regular la temperatura; y un suelo con poca cobertura no permite aprovechar eficientemente las precipitaciones”.

En 2016, el INTA comenzó a trabajar en una Plataforma Interdisciplinaria de Innovación para la Sustentabilidad de Sistemas Ganaderos Familiares en Uruguay y Argentina. La hipótesis era que la baja productividad de los sistemas ganaderos venía de la mano de una baja oferta forrajera (intensidad de pastoreo muy alta), pero también producía efectos ambientales adversos.

Sobre este trabajo, Lezana explicó que “más del 80% de los predios ganaderos evaluados tenían una carga superior a la receptividad estimada en función de la productividad forrajera” y que “la mayoría de los predios mostraban un consumo forrajero de la vaca de cría inferior al que necesitan, lo que se traduce en la baja productividad ganadera”.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *