“Pronunciamiento”, una novela que indaga en la identidad como pregunta y derecho a defender

La protagonista de “Pronunciamiento”, la segunda novela de Belén Sigot, asume la pregunta por quién es su padre en un pueblo de Entre Ríos en el que se crió rodeada de mujeres, con quienes las conversaciones pasarán del susurro a la pregunta por su identidad: entre madrugadas, siestas, viajes y juegos crecerá la atmósfera de una historia con personajes contradictorios y vulnerables, envueltos en un clima de quietud e impulso por romper las desigualdades.

“Mi mamá me parió en Concepción del Uruguay porque acá estaba el hospital pero me crié en Pronunciamiento. Después, cuando pude, me vine a vivir a Concepción del Uruguay”, cuenta la autora en diálogo con Télam vía Meet en una tarde de verano caluroso como sucede en la novela editada por Caballo Negro.

Con esa protagonista, Sigot comparte la infancia en el pueblo que da título al libro y la pregunta por quién es su padre. “Cuando uno es chico posee menos palabras pero a la vez hay en esos años una claridad para sentir las cosas a la que después la adultez se encargará de enturbiar”, enuncia la narradora que sigue a Lelén en su infancia y en su regreso al pueblo para preguntar pero también plantear su decisión de enfrentarse a quienes le negaron el derecho a su identidad.

Autora de las novelas “Vacas”, con la que obtuvo el primer premio en el Concurso Regional de Nouvelle EMR 2017 con un jurado compuesto por Vera Giaconi, Alan Pauls y Luis Sagasti, y “Entre las chircas”, Sigot (Entre Ríos, 1979) construye una prosa cuidada y poética que conforma un universo compartido entre sus tres publicaciones y se dedica por estos días a la escritura de un proyecto de no ficción sobre la desaparición de la familia Gill, integrada por un matrimonio y sus cuatro hijos, quienes desaparecieron en Entre Ríos en 2002 y el caso sigue sin pistas sobre los responsables.

-¿Cómo se gestó la novela? ¿Hubo una imagen o un personaje que hayan sido disparadores?
– Partí del personaje y una imagen que era un viaje al cementerio de un cuento que había escrito por el 2014 llamado “La franela amarilla” que recibió el premio Itaú. Alrededor de ese cuento, esa imagen y esos personajes fueron apareciendo otros relatos pero a esa altura había empezado a hacer el taller literario de Damián Ríos y fueron saliendo textos que ahondaban en ese universo: el pueblo chico, esa nena, los personajes y las diferentes familias que la iban rodeando. Ahí se fue gestando esta novela corta o este grupo de cuentos que se llamó “Entre las chircas”.

-Los años 80 ya están desde la tapa de la novela con la imagen característica de la Caja del Plan Alimentario Nacional (PAN) implementada por Raúl Alfonsín ¿siempre pensaste en ese período histórico?
-Sí, en la novela aparecen mucho los años 80 porque la protagonista nace en ese período y su infancia transcurre en los 80, 90. Ese personaje va creciendo y si bien su historia está muy marcada por la historia del país y del pueblo, también aparecen sucesos más cercanos y la historia termina rasguñando esta época, el 2000, 2010.

– El conflicto, la pregunta por la identidad arranca en un plano general sobre el pueblo y sus habitantes y se va cerrando sobre la historia de Lelén.
– La historia de la nena que va a limpiar la tumba de la abuela con la franela amarilla tuvo otro texto, que escribí al instante, que se llamó “El gran zapallo” donde uno de los personajes cosecha un zapallo muy pesado y eso se convierte en nota y llega a los diarios. Cuando lo escribí me ayudó mucho algo que citaba Damián Ríos: Borges decía acerca de (William) Faulkner que lo interesante de sus cuentos es que te hacen pensar en algo terrible pero que sucede en otro lugar. Eso me marcó y es lo que quise trabajar entonces van sucediendo cosas pero hay algo que está latente por debajo, que ella no sabe bien qué es pero define su realidad, su historia. Cuando le mandé estos textos al editor Alejo Carbonell me decía que había un hueco muy grande entre esa Lelén de la infancia y la que vuelve mucho después en las navidades y hay cosas que no quiere ver más. Entonces fui ahondando en esa búsqueda de la identidad. En otros textos míos siempre apareció esa búsqueda porque tiene que ver con mi experiencia autobiográfica, algo de eso hay en mi historia.

-¿Esos personajes de la novela se reconocieron en el libro? ¿Tuviste repercusiones?
-No, no me llegó nada. “Vacas” no fue muy bien recibido porque hubo gente que lo leyó como si estuviese leyendo personajes reales y no como literatura. Entonces hay gente enojada y dolida. Traté de no enterarme pero creo que hay gente dolida por lo que le contaron y no por lo que leyeron. Lo cierto es que a mí nadie me vino a preguntar nada. Hay elementos que tomé del pueblo para ese libro y para este, de mi propia experiencia biográfica, pero después hice un trabajo literario. Escribo en función de lo que la historia me pide.

-A lo largo de la trama se va generando un susurro y son los personajes femeninos los que logran decir. ¿Cómo se gestó eso?
-Mi propia historia es la de un matriarcado, si lo pienso desde mi propia biografía. Soy hija de madre soltera y algo de eso aparece en el libro. Que la tía sea la que le cuenta a Lelén quién es el padre, también se enlaza con mi propia biografía porque yo también supe quién era mi papá a través de la voz de esa tía. Esa mujer que reivindica ese derecho a la identidad o hace un intento antes de morir también fue así. Me basé en una historia en la que las mujeres son sumisas frente al hombre porque dependen de él pero reivindican, ayudan o intentan ayudar a otras.

-Hay también una suerte de legado, de intento de resolver qué pasó con la propia identidad por la hija, por darle la posibilidad de saber quién es su abuelo.
-Sí, ese es el derecho a la identidad, a la verdad, por esa pregunta sobre por qué tener que ocultar una verdad solo porque a otro no le guste. Es una carga muy pesada tener que estar acallando algo porque hay alguien que se siente superior y dice que eso no es así o no hay que decirlo. Es un pco el sistema feudal también y eso también aparece en el del libro. Ese sistema donde hay un gran señor o una familia que dependen de los que están por lo bajo pero a la vez no respetan sus libertades, sus derechos. Circulan verdades que todos conocen, nadie las dice pero a su vez todos las dicen por lo bajo. Por ejemplo, yo supe quien era mi papá a los 17 años y cuando lo supe le conté a dos o tres compañeros de colegio y resulta que ya sabían pero en las casas les habían dicho que no dijeran nada.

-¿Hubo lecturas que te hayan ayudado en la escritura?
-Cuando lo estaba terminando, después de 15 años, se me dio por leer a Juan Rulfo, “El llamo en llamas” y “Pedro Páramo”. Por un lado, fue un error o un peligro porque el libro estaba pronto a salir de imprenta, dije ¿cómo puedo yo publicar un libro? No podía creer todo lo que me generaba y encontraba en esa relectura. Es un autor que tengo siempre presente pero no había vuelto a entrar en ese universo de manera completa y una cosa que me conmovió muchísimo es ese inicio de “Pedro Páramo” sobre la llegada a un lugar para conocer a un padre. En Rulfo está muy presente la búsqueda de la identidad paterna. A Daniel Moyano también lo siento de un universo muy cercano al mío. Pero hay otro libro que me acompañó mucho que lo tomo como epígrafe que es “La hija de la amante” de Holmes. A ese libro lo encontré en un momento justo de mi vida y me sentí muy acompañada, lo tengo todo subrayado. Si bien Pronunciamiento es otra sociedad, otra cultura y otra lengua dialoga mucho con ese personaje. Ella ahí cuenta su historia: fue adoptada, quiere saber quien fue su papá biológico, cuenta que le hace un juicio de filiación a su propio padre y habla de eso, de lo absurdo que suena.

-¿En qué proyecto estás trabajando ahora?
– El año pasado obtuve una beca del Fondo Nacional de las Artes para hacer un trabajo con un tema que em tiene muy pendiente que es la desaparición de la familia Gill. Vivían en una localidad sobre la costa del Río Uruguay y a principios del 2001 desaparecieron. Hubo un montón de cuestiones que llevaron a que hasta el día de hoy no se sepa nada de ellos. Hay sospechas sobre quien era el patrón, quien murió años después en un accidente en la ruta. Se cree que los cuerpos pueden estar en la estancia en la que trabajaba, un predio de 500 hectáreas. Se hicieron excavaciones pero no pasó nada. Estoy empezando a intentar recuperar las voces de las personas involucradas con ese caso. Me interesa mucho la voz de la mamá de la chica. Quiero apuntar a una crónica pero no sé dónde me llevarán esas voces. Quiero hacer un trabajo de no ficción.

fuente: TELAM

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *