SOJA y MAÍZ: Recomendaciones del INTA para evitar pérdidas – PARTE I

Para evitar pérdidas en la cosecha de granos, principalmente de soja y maíz, técnicos del INTA recomiendan una regulación adecuada de la máquina de acuerdo a la situación de cada lote, medir pérdidas durante el trabajo y corregir los errores para lograr una cosecha eficiente.

Durante la campaña 2017/18 la cosecha de cultivos soja y maíz registró pérdidas de 2,27 y 1,27 millones de toneladas, respectivamente. Para la presente campaña las estimaciones presentan una tendencia alcista, debido al aumento de superficie y a los resultados de las evaluaciones preliminares de pérdidas de cosecha registradas por técnicos del INTA.

Frente a esta situación alarmante, es importante repasar algunos conceptos fundamentales al momento de encarar la cosecha de lo que se presenta como una de las campañas más productivas de los últimos años.

La velocidad de la cosecha

La evolución tecnológica en los sistemas de trilla, separación, limpieza, autoguiado y registro de datos geoposicionados, entre otros, han revolucionado el concepto integral de cosecha mecánica de granos en Argentina y en el mundo, pero no ha podido modificar el hecho de que en la soja -el cultivo más importante del país-, el primer elemento mecánico que toma contacto con el cultivo es la barra de corte y que el concepto, funcionamiento y factores que afectan su eficiencia, no han tenido grandes cambios.

En los diseños de barra de corte utilizados en nuestro país (3” x 3”; 2” x 2”; y 1.5” x 1.5”), si bien presentan diferencias entre sí, la calidad del corte se ve directamente afectada por la velocidad de avance de la cosechadora. Mientras mayor sea la velocidad de avance, más largo será el recorrido de la planta, impulsada por la cuchilla hasta el puntón donde se efectúa el corte. Eso significa que el movimiento lateral y hacia delante de la planta será mayor, lo que incrementa directamente el desgrane de la planta y las pérdidas por cabezal. Aquí es importante destacar que el 70% de las pérdidas de cosecha en soja, están provocadas por el cabezal de la cosechadora.

Mientras menos humedad posea el cultivo al momento de cosecha, más tendencia al desgrane tendrá la planta frente al estímulo mecánico y más susceptible al aumento de velocidad de la cosechadora.

El 70 % de pérdidas de cosecha en soja están provocadas por pérdidas del cabezal, siendo la relación velocidad de avance/sistema de corte, la principal responsable.

¿Qué pasa en el maíz?

El cabezal maicero es una máquina diferente al cabezal sojero/triguero, pero la velocidad también afecta su desempeño en el lote. Si la barra de corte del cabezal es el elemento crítico en el cultivo de soja, las placas espigadoras lo son en la cosecha de maíz. En la eficiencia de uso de este elemento, hay una combinación de diferentes factores: Contenido de humedad, rendimiento, consumo de combustible y demanda de terminar el trabajo cuanto antes.

Las placas espigadoras deben extirpar la espiga de maíz del tallo y dejar el resto de la planta en el terreno. Si no combinamos correctamente la velocidad de avance de la cosechadora con la velocidad de trabajo del cabezal, observaremos un efecto de empuje o de arrancado de la planta por parte del cabezal, lo que provocará caída de espigas del cabezal o bien arrancado de toda la planta.

La forma de evaluar el trabajo de un cabezal maicero desde el terreno, es posicionarse en la parte posterior de la máquina y observar el tipo de material que la misma despide por la cola. En un trabajo adecuado la máquina debería despedir únicamente marlos limpios -y enteros en una situación ideal- y restos de chala. En cambio, si despide restos de caña y hojas, o si observamos tallos arrancados o cortados en la línea de siembra, eso significa que el cabezal maicero está trabajando mal y que la combinación velocidad de avance, separación entre placas espigadoras y velocidad de rotación del cabezal es inadecuada.

Esta evaluación debe ser combinada con la metodología de medición de pérdidas de cosecha propuesta por el INTA.

La evaluación del trabajo del cabezal maicero se realiza observando el material expulsado por la cola de la cosechadora en forma combinada con la metodología tradicional de medición de pérdidas cuantitativas de INTA.

 

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