Tras el auge de las huertas hogareñas los barrios cerrados ponen de moda las huertas comunitarias

Una forma de desconectar y bajar el estrés para los adultos y la posibilidad para que niños y adolescentes tengan un contacto cotidiano directo con la naturaleza. Ahora los barrios cerrados emprenden espacios comunes de cultivo que funcionan como encuentro entre vecinos.

Fueron muchos los que se aventuraron a probar cosas nuevas y a potenciar la creatividad en un primer tiempo de aislamiento. Desde recetas de comidas caseras hasta diferentes formas de comunicarnos, existen costumbres adoptadas que van a permanecer en el tiempo.

Una de ellas fue la proliferación de huertas domésticas, en diferentes espacios que se adaptaban a las posibilidades de los metros cuadrados en los hogares.
Así se trate de opciones de huertas verticales en balcones o patios, también están los que disponen de lugares abiertos para el desarrollo de esta actividad en forma comunitaria.

La mayoría de los involucrados en la actividad promedian los 40 años y son quienes llegan al barrio con una filosofía de vida orientada a lo natural, la sustentabilidad y al cuidado del medioambiente. Además, prestan especial atención a inculcarlo en las generaciones más chicas. Este tipo de huertas comunitarias de uso común tienen varios objetivos y ventajas, entre ellos la provisión de hortalizas y legumbres a los espacios comunes dentro de los barrios.

Hoy en día, los requerimientos tanto para llevar adelante una huerta en espacios amplios o de tipo “vertical” no son numerosos, sino que se debe contar con tierra fértil y atención al regado. Por otro lado, el resultado obtenido de las verduras de cosecha propia, es muy distinto a la industrializada, en lo que respecta al aspecto, sabor, y valor nutritivo que aporta al consumidor.

El desarrollo sustentable también es uno de los ítems que se destacan cuando se encaran estas propuestas. El riego automático, muchas veces en los barrios de este tipo, está alimentado por paneles solares que generan la energía suficiente para su funcionamiento.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, Argentina se encuentra en el 2° puesto del ranking mundial, de tierras certificadas para la producción de alimentos ecológicos.

 

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