Viejas tecnologías para un manejo innovador de la silvicultura argentina

Gran parte de las forestaciones del país se realiza en suelos con limitantes para el crecimiento de los árboles. Un estudio de la FAUBA en Entre Ríos halló que descompactar el terreno antes de la plantación mejora sus propiedades físicas y el crecimiento inicial de las plantas.

Por Pablo A. Roset

La provincia de Entre Ríos se destaca por poseer 150 mil hectáreas dedicadas a la silvicultura, sobre todo de eucaliptos y pinos. Parte de esa producción se lleva a cabo en suelos arcillosos que, por sus características, restringen el crecimiento vegetal. Un estudio académico indagó en los impactos de dos formas de preparar el terreno para plantar eucaliptos, y halló que realizar camellones —hileras elevadas de tierra— mejoró notablemente la porosidad y la aireación del suelo, y generó plantas más robustas.

“El 78% de las forestaciones de la Argentina está en la Región Mesopotámica. En particular, en la provincia de Entre Ríos predomina el cultivo de Eucalyptus grandis, una especie de crecimiento rápido y buen rendimiento. El problema es que se lo realiza en suelos arcillosos que pueden afectar su implantación y su desempeño futuro”, comentó Leanne Urriola Sucre, reciente egresada de la Escuela para Graduados de la Facultad de Agronomía de la UBA.

Leanne puntualizó que las raíces de los árboles tienen dificultades para penetrar los suelos con altos contenidos de arcilla. Este problema condiciona la producción desde las primeras etapas del cultivo. Por ello, ciertas técnicas para descompactar el suelo podrían tener impactos positivos si se las aplica antes de la plantación.

“Realizamos un estudio en Gualeguaychú, Entre Ríos, donde exploramos los efectos de implementar camellones, subsolado y su combinación antes de plantar Eucaliptus grandis en un suelo arcilloso. Dos años y medio después de las prácticas, evaluamos el crecimiento de los árboles”, dijo Urriola Sucre.

Camellones y subsolado

Antes de centrarse en los resultados, Leanne, también docente en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá, explicó que si bien ambas prácticas estimulan el crecimiento de las plantas al mejorar la aireación, la porosidad y la infiltración de agua, tienen diferencias importantes entre sí.

“Los camellones se realizan con herramientas agrícolas como el arado y la rastra de discos. Son especies de ‘lomos’ o ‘hileras’ de tierra removida —más o menos ‘suelta’— sobre el nivel original del terreno. Pueden tener hasta 40 cm de altura y varios metros de largo. El ancho es variable”, señaló.

En cuanto al subsolado, la investigadora contó que se realiza con herramientas especiales como arados subsoladores o ‘arados topo’, que remueven las capas profundas del suelo. Se clavan hasta 40 cm en la tierra, o más, y son tirados por tractores de mucha potencia.

Suelos más sueltos, árboles más robustos
“El diámetro a la altura del pecho, o DAP, respondió muy bien. Los DAP promedio de las plantas que crecieron en los camellones y en la combinación camellón+subsolado fueron 28% y 21% mayores, respectivamente, que el medido en el tratamiento de subsolado solo”, informó Urriola Sucre.

Leanne indicó, además, que en los dos tratamientos que incluyeron camellones tuvieron más porosidad, mejor aireación y una mayor cantidad de raíces gruesas y medianas hasta los 10 cm de profundidad, en comparación con el subsolado.

De la Mesopotamia al mundo

Urriola Sucre estimó que los camellones pueden jugar un papel crucial en la silvicultura de la Región Mesopotámica. “En suelos tan arcillosos y ‘pesados’, la práctica podría representar una estrategia muy buena para optimizar el crecimiento inicial de las plantaciones de Eucalyptus grandis”.

Además, afirmó que no sería necesario agregar un subsolado al camellón, ya que aplicar ambas prácticas combinadas brindó resultados incluso inferiores a los logrados solo con el camellón. Esto permitiría ahorrar los costos de subsolar, que son elevados por el gran consumo de combustible de los tractores y por el tiempo que demanda la tarea.

Para concluir, la investigadora reflexionó: “Mi trabajo de tesis abrió perspectivas valiosas sobre prácticas que podrían mejorar la productividad forestal en general. Más allá de que lo desarrollé en la Argentina, también puede ser útil en países como Panamá, mi país, donde los suelos arcillosos y los desafíos climáticos son comunes para la agricultura y la silvicultura”.

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