Áreas clave a conservar en la parte alta de la Cuenca Matanza Riachuelo

En este territorio, los monocultivos y los barrios privados avanzan sobre los ecosistemas y perjudican a la población. A través de las voces de diversas organizaciones locales, crearon mapas que muestran qué zonas son prioritarias para la conservación.

Por: Sebastián M. Tamashiro

Campos de soja, pastizales, industrias y hogares. La Argentina es enorme, pero convivir nunca fue fácil. Sobre todo en la Cuenca Matanza Riachuelo, donde vive cerca del 10% de la población. ¿Dónde producir y dónde conservar? Un estudio académico en la parte alta de la cuenca creó mapas que identifican las áreas prioritarias para la conservación. Los elaboraron en función de la mirada de organizaciones científicas, territoriales y gubernamentales. Encontraron grandes consensos para conservar hasta el 70% del área.

La Cuenca Matanza Riachuelo es una de las áreas más transformadas y más contaminadas del país. En ella, casi 5.000.000 de personas viven rodeadas por industrias y producciones agropecuarias.

“Su parte alta es más bien rural y la componen los municipios de Las Heras, Marcos Paz, Cañuelas, San Vicente y Presidente Perón. Desde hace décadas, los monocultivos y los countries avanzan sobre los pastizales de la zona y reducen los beneficios que estos ecosistemas aportan”, contó Valentina Balsari, docente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA).

En el marco de un convenio entre la FAUBA y la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), Balsari identificó qué áreas de la cuenca alta son prioritarias para conservar. “Registramos la percepción de integrantes de ACUMAR y de organizaciones científicas y territoriales sobre criterios socioecológicos como el tipo de vegetación o la distancia a áreas protegidas, a centros poblados y a escuelas”.

“Construimos mapas que muestran los valores de conservación que las organizaciones le asignaron a diferentes zonas y cuánto coincidieron entre ellas. En promedio, al 70% del área se le asignó una prioridad de conservación de moderada a alta, con un grado de acuerdo elevado. Las superficies más valoradas se concentraron cerca a centros poblados y a escuelas rurales, y a distancia intermedia de áreas protegidas”, explicó Valentina a SLT.

Balsari, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información, resaltó que sus resultados pueden servir para direccionar los esfuerzos de conservación de este territorio tan amplio y complejo. “Cuando no existe el ordenamiento del territorio, diferentes actividades avanzan y la gente queda expuesta a fumigaciones o a efluentes industriales”.

Y agregó que usaron una metodología transparente y trazable que permite ver los criterios y las valoraciones de las distintas organizaciones de la zona. “Si bien ACUMAR se encarga de la gestión territorial, esta información es un insumo muy útil”, remarcó Balsari a partir de su tesis de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.

Tira y afloje para la sustentabilidad
Julián Monkes, docente del Área de Educación Agropecuaria y Ambiental de la FAUBA, destacó la importancia y la complejidad de incorporar la mirada de quienes habitan el territorio. “Cada persona tiene su idea de conservación y es clave considerarla en las políticas públicas. Siempre hay acuerdos y resistencias entre los diferentes actores”.

En este sentido, Julián añadió que los productores agropecuarios que no llegaron a incluir en el estudio quizás tengan una mirada distinta a la de la población urbana sobre qué es la conservación. “Suele existir una tensión entre conservar y producir. En esta zona, la producción agropecuaria es una de las principales actividades”.

Por su parte, Valentina contó que, por ejemplo, algunas lagunas de áreas protegidas se vaciaron para regar lotes agrícolas.

“De todas maneras, en la idea de conservar de las organizaciones ambientales que entrevistamos también se incluía a la producción agropecuaria, como la ganadería sobre pastizales o la agroecología. En esos casos, conservar no significaba sacar las actividades productivas”, aclaró.

Para cerrar, Balsari reflexionó: “La colaboración entre la academia, los organismos gubernamentales, las organizaciones locales y el resto de la población es esencial para gestionar de manera sustentable el territorio, incluyendo tanto áreas que brinden servicios ecosistémicos como producción de alimentos”.

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