Arqueología y Big Data

Nueva investigación permite relacionar los materiales hallados en los sitios arqueológicos ubicados en el extremo sur de América con el tipo de movilidad de sus pobladores a partir de técnicas de clasificación estadística.

Uno de los problemas con el que se encuentra de manera frecuente la Arqueología a la hora de vincular los objetos encontrados en sus excavaciones con identidades sociales, o procesos de interacción social es que la variabilidad del material con el que suelen tratar es muy alta y muchas veces resulta compleja su estandarización. El gran número de variables que inciden y se utilizan para dar cuenta de un proceso tecnológico hace difícil observar de manera directa cuáles son las relaciones significativas entre materiales, personas y procesos sociales.

Un reciente estudio interdisciplinar del que participaron arqueólogos y arqueólogas del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) publicado en Royal Society Open Science busca sortear este problema a partir de la utilización de técnicas de clasificación automática que, a través del armado de grandes bases de datos que organizan la información disponible, permiten vincular conjuntos de materiales hallados en los sitios arqueológicos con determinadas prácticas e identidades sociales, modificando, incluso en ocasiones, las consideraciones que se habían realizado respecto de ciertos yacimientos.

“Lo que nosotros hicimos fue armar una base de datos que recoge y sistematiza todas las evidencias arqueológicas de presencia humana en el extremo sur de América (específicamente, entre el norte de Río Gallegos y Cabo de Hornos) desde el Holoceno temprano -iniciado hace 12 mil años-  hasta finales del siglo XIX. Según esa evidencia los grupos canoeros habitaban la costa occidental pacífica del archipiélago magallánico fueguino incluyendo además el Canal  Beagle,  la isla de Navarino y la isla de los Estados; mientras los estrictamente pedestres se concentran en el sur de Santa Cruz, el estrecho de Magallanes, centro y norte del Tierra del Fuego y zonas más cercanas a la costa Atlántica. A través de un algoritmo de clasificación automática, pudimos discriminar qué conjuntos de materiales (kitstecnológicos) son más representativos de grupos cazadores recolectores con movilidad naútica y cuáles lo son de grupos pedestres”, explica Ivan Briz i Godino, investigador adjunto del CONICET en el CADIC y primer autor del trabajo.

El programa básicamente distinguió entre tres tipos de sitios: aquellos que según la literatura arqueológica habían sido asiento de grupos canoeros (dominadores de tecnología náutica) y el algoritmo lo confirmaba, los que estaban consignados como pedestres y efectivamente lo eran  y un tercer tipo de casos  (minoritarios, pero no por eso menos interesantes) en los que encontró que la clasificación automática bajo una de estas dos grandes categorías (canoeros o pedestres) realizada en relación al kit tecnológico no coincidía con la forma en la que se encontraban catalogados (en lo que tienen incidencia también otros factores).

“A partir de los datos obtenidos proyectamos un mapa en el que se pueden reconocer dos grandes ámbitos geográficos en los que se distribuyen cada uno de estos dos tipos de grupos, configurando lo que llamamos Paisajes Tecnológicos en los que hubo una circulación heterogénea de conocimientos. Esto nos habla de la existencia de redes amplias de transmisión de información, es decir, de grandes extensiones en las que se produjo una dinámica de conocimientos tecnológicos compartidos”, explica el investigador.

“La ubicación de los pueblos con tecnología náutica parecería confirmar una hipótesis que indica que hace 6 mil años hubo una segunda oleada inmigratoria en la región que ingresó desde el Océano Pacifico ya con dominio de tecnología náutica”, agrega Briz i Godino

Un caso interesante de análisis lo conforman aquellos sitios que fueron clasificados por el algoritmo de manera diferente a la que lo habían sido hasta ahora en la literatura arqueológica. “Dentro de este conjunto hay algunos sitios que tienen poco material arqueológico como para poder ser clasificados en uno otro grupo por el algoritmo. Sin embargo, en el mismo grupo hay otros yacimientos de los que se cuenta con mucha información que corresponden a zonas de muy fácil accesibilidad desde el ámbito de la costa hacia el interior. Hay fuentes etnográficas de fines del Siglo XIX y comienzos del XX que indican que en estas áreas hubo contacto entre los diferentes tipos de poblaciones. Nuestra hipótesis es que serían puntos en los que se habrían producido intercambios de información y productos entre los dos ámbitos tecnológicos que coexistían en la región”, afirma el investigador.

Por último, de acuerdo a los investigadores, los resultados arrojados muestran que en arqueología al momento de reconocer identidades sociales hay que considerar conjuntos de elementos antes que objetos singulares destacados que, aunque puedan resultar llamativos, no siempre son los más representativos. Son los procesos que subyacen a la producción de tecnología los marcadores arqueológicos de interacción.

Además de investigadores del CONICET, participaron de la investigación científicos españoles del Grupo de Ingeniería de Sistemas Sociales de la Universidad de Burgos y de la Institución Milá y Fontanals (IMF) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Cataluña.

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