Con datos del telescopio espacial James Webb, una investigadora del CONICET halló cúmulos de estrellas ocultos

A mediados de 2022, la investigadora del CONICET en el Instituto de Astrofísica de La Plata (IALP, CONICET-UNLP) María Jimena Rodríguez viajó a Estados Unidos para trabajar durante un año en la Universidad de Arizona analizando datos enviados por el telescopio espacial James Webb (JWST, por las siglas en inglés de James Webb Space Telescope), un potente instrumento lanzado al espacio a fines de 2021 con el objetivo de registrar los eventos y objetos más distantes del universo. Por ese entonces, la experta platense adelantó que una de las misiones a desarrollar tenía que ver con las denominadas regiones de formación estelar embebidas, zonas en las que actualmente están naciendo estrellas pero que todavía se encuentran rodeadas por la nube molecular que las creó, y que entonces solo pueden observarse en el espectro infrarrojo, el rango que cubre el JWST.

Meses después de su viaje, gracias a los datos del JWST y junto a un numeroso equipo internacional de expertos y expertas de Alemania, Australia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido y Suecia, Rodríguez pudo descubrir cúmulos estelares jóvenes, de menos de 2 millones de años, ocultos en las nebulosas de la galaxia NGC7496, situada a 60 millones de años luz de la Tierra. El trabajo acaba de ser aceptado para su publicación por la prestigiosa revista científica Astrophysical Journal Letters.

“Los cúmulos estelares jóvenes, o abiertos, son conjuntos de estrellas que han nacido juntas, en el denso interior de nebulosas de polvo y gas molecular. Durante su formación, a partir de condensaciones del material nebular que atraen gravitatoriamente el gas de sus alrededores, estos cúmulos permanecen escondidos en el interior de las nebulosas, por lo cual es imposible observarlos directamente en luz visible. Sin embargo, la luz infrarroja tiene la propiedad de penetrar el gas y el polvo de las nubes interestelares, por lo cual un telescopio infrarrojo como el James Webb puede detectarlos antes de que afloren de sus espesos entornos”, explica la experta.

Precisamente, la capacidad del telescopio para distinguir detalles y su potencia para detectar la tenue luz infrarroja permitieron descubrir 67 posibles cúmulos estelares ocultos, un número asombroso si se considera que con el Telescopio Espacial Hubble (HST, sigla en inglés para Hubble Space Telescope) –que orbita sobre el exterior de la atmósfera terrestre desde 1990– solo se habían detectado ocho.

Durante su estadía, Rodríguez continuará trabajando sobre otras galaxias con el objetivo de ampliar el conocimiento sobre los procesos físicos que tienen lugar en el interior de las nebulosas. “Por ejemplo, se podrá avanzar en la comprensión de la forma en que la nube de gas y polvo original se fragmenta para dar inicio a la creación de los cúmulos estelares; las escalas temporales que transcurren a lo largo de su formación y los tiempos en los que los cúmulos estelares ya formados emergen de las nebulosas y pueden observarse directamente con luz visible”, concluye.

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