Cultivos de cobertura en los esquemas productivos para prevenir la erosión

La pérdida de suelo es uno de los problemas que aún quedan por resolver en el sector agrícola. En parte, la utilización de siembra directa contribuyó a mejorar la situación pero el monocultivo de soja, maíz o trigo/soja, erosiona la fertilidad de los campos. Para mejorar la absorción, especialistas proponen la incorporación de cultivos de cobertura en los esquemas productivos.

Mediante el uso de un modelo físico, técnicos del INTA pueden estimar cuál será el porcentaje de recurso que se perderá, en un período de tiempo determinado, según el esquema de cultivos que se instalen. Con esta herramienta será posible diseñar esquemas de cultivos sustentables y adaptados a cada ambiente del país.

“La degradación de recursos que tenemos en los sistemas productivos actuales, pone de manifiesto la relevancia de contar con modelos (WEPP, Water Erosion Prediction Project) que permitan estimar con precisión qué porcentaje de suelo y de agua se escurren con cada lluvia”, señaló Jorge Gvozdenovich, especialista en manejo y conservación de suelos del INTA Entre Ríos.

“Si en un campo de maíz caen 50 milímetros, con el uso del modelo puedo saber que en promedio se escurren unos 25 mm y, si a eso le sumamos que la planta absorbe 12 mm por día, solo tendremos agua acumulada para dos días”, graficó Gvozdenovich quien analizó: “El desafío está en ver cómo podemos aprovechar la mayor cantidad de agua posible y reducir el escurrimiento superficial, debido a que la lluvia que no se infiltra arrastra materia orgánica, nutrientes y erosiona la fertilidad de los campos”.

Existe una relación real entre el suelo que se pierde y el rendimiento de los cultivos. “Un centímetro de suelo perdido tarda aproximadamente 800 años en regenerarse”, expresó Gvozdenovich y aclaró: “Estamos perdiendo la tierra más productiva que tenemos. Es indispensable generar conciencia sobre la importancia de la conservación del recurso”.

De hecho, un estudio realizado en el campo experimental del INTA Paraná determinó que, en un lote con maíz, realizado en siembra directa (SD), la pérdida de suelo fue de 4.6 toneladas por hectárea al año, una proporción considerablemente menor comparado con el mismo cultivo en labranza convencional (LC), cuyos valores ascendieron a 40. Sin embargo, la cantidad de agua que no se retiene es el doble en el sistema SD, alcanza los 800 milímetros escurridos, en relación con la siembra convencional, que fue de 340.

Para proteger el suelo, el mayor obstáculo es la repetición de los cultivos que dejan el suelo poco cubierto durante gran parte del año. “Una agricultura sustentable requiere de rotaciones que incluyan en las secuencias verdeos de invierno como centeno, avena, vicia, cebada o arveja, según la región”, expresó el investigador del INTA.

 

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