Delta del Paraná: los tratamientos caseros no potabilizan el agua

Ante la carencia de este servicio básico, los isleños y las isleñas colectan el recurso de los ríos y arroyos, y lo procesan para su consumo. Un estudio de la UBA encontró valores elevados de metales pesados y bacterias que dañan la salud en el líquido tratado.


Por: Sebastián M. Tamashiro

El Delta del Río Paraná está conformado por ríos y arroyos, pero gran parte de esta región no cuenta con un sistema de agua potable. Por esta razón, sus habitantes habitualmente colectan el agua de los cauces y le aplican diferentes procesos ‘caseros’ para hacerla potable. En este marco, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) determinó que no solamente los ríos y arroyos están contaminados: los análisis también detectaron metales pesados, bacterias y otros elementos nocivos en el agua ya tratada por los habitantes locales. Las investigaciones de la FAUBA se enmarcan en un proyecto que también analiza la problemática del agua en distintos barrios del conurbano bonaerense.

“Desde hace años, gran parte de las personas que viven en el Delta no cuentan con una red de agua potable, por lo que realizan sus propios tratamientos para poder consumirla. Desde un voluntariado en el que participaron la FAUBA, la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) estudiamos la calidad del agua de los cauces de la zona y la efectividad de los métodos que más usan los habitantes para consumirla”, explicó Martha Bargiela, docente de la Cátedra de Química Inorgánica y Analítica (FAUBA).

“En primer lugar, analizamos química y bacteriológicamente el agua que las familias extraen de los cauces. Para ello tomamos muestras en ríos y arroyos de la primera sección del Delta, que pertenece al Municipio de Tigre. Determinamos, entre otros aspectos, el contenido de contaminantes como nitratos, cromo, zinc, cobre, plomo, aluminio, sólidos en suspensión, y la presencia de bacterias como Escherichia coli. Más del 80% de las muestras superaron los valores límite que establece el Código Alimentario Argentino para esos parámetros”, resaltó.

La investigadora señaló que los tratamientos que las familias aplican al agua que recolectan no resultaron efectivos. “Lo más frecuente es que filtren el agua con una vasija de cerámica o que hagan una decantación aplicando sulfato de aluminio. Detectamos problemas en el uso inadecuado de desinfectantes, en las condiciones de almacenaje y en los procesos de decantación del agua tratada. En las determinaciones post-tratamientos encontramos microorganismos como E. coli y, en varias ocasiones, excesos de aluminio”.

“Estas iniciativas individuales no alcanzan para obtener agua apta para el consumo humano. Es necesario un monitoreo y sistemas de potabilización más complejos para disminuir el riesgo para los habitantes de las islas. Como parte del proyecto, que ya finalizó, construimos y dejamos en la zona un potabilizador de electrofloculación con capacidad para eliminar contaminantes a una tasa de 3000 litros por día”, destacó Bargiela, y agregó que los resultados anteriores están incluidos en la tesis de Licenciatura de en Ciencias Ambientales de la FAUBA (LiCiA) de Augusto Mezzina.

El agua en el territorio

La experiencia en el Delta formó parte de una serie de proyectos de voluntariado universitarios en conjunto con organizaciones sociales. Actualmente, Bargiela lidera un proyecto de extensión de la FAUBA que busca mejorar el acceso al agua en diferentes barrios bonaerenses. En este sentido, Germán Flores, estudiante de la LiCiA comentó: “A partir del trabajo que realizamos junto con el MNCI en la localidad de Esteban Echeverría pudimos consolidar los proyectos de extensión en los centros comunitarios de los barrios La Paz y Sarmiento. En base a la forma en que los vecinos y vecinas conciben la problemática del agua, analizamos la calidad del servicio”.

“En La Paz, el agua para tomar se saca de perforaciones. Como allí no hay cloacas, sino pozos ciegos, hay altas probabilidades de contaminación a partir de las fosas sépticas. Junto con estudiantes y compañeros y compañeras del centro comunitario Remolines, realizamos muestreos, talleres de formación y estudiamos la calidad del agua. Por último, elaboramos cartillas informativas que incluyen diversas formas de detectar contaminación, además de manejos y tratamientos adecuados para el agua”, dijo Flores.

Por su parte, Bargiela destacó que en el año 2018 trabajaron en el barrio Sarmiento, que se encuentra cerca del contaminado río Matanza y tampoco cuenta con redes cloacales. “Sus habitantes consiguen el agua por medio de conexiones informales a la red pública. Desde el proyecto trabajamos para ayudarlos a mejorar esas conexiones, por lo que analizamos posibles focos de contaminación y dejamos herramientas para que cada vecino pueda evaluar el estado de esa agua y afinar su manejo”.

“Dado que la problemática del agua es muy compleja, su estudio requiere un abordaje interdisciplinario. Por ejemplo, como los terrenos en Sarmiento son bajos, se producen inundaciones. Por esta razón, consideramos que es clave estudiar las napas y el flujo subterráneo del agua. Para eso contactamos a Lida Borello, docente de la cátedra de Riego y Drenaje de la FAUBA para tener un análisis amplio del tema”, agregó Flores.

Por fuera de las aulas

Bargiela se refirió al rol de la UBA en el territorio: “Cómo cátedra, siempre quisimos acercar la institución a la comunidad e intentar aportar a la resolución de problemas concretos. Además, para los estudiantes es un aprendizaje valioso y complementario al que reciben en el aula. En este sentido, las actividades de este proyecto formarán parte de las Práctica Sociales Educativas de la FAUBA, que son espacios de enseñanza y aprendizaje obligatorios que articulan contenidos académicos con demandas de diferentes comunidades”.

Por su parte, Flores concluyó: “Es muy enriquecedor como estudiantes conocer diversos territorios y las problemáticas que sufren. Podemos poner a prueba el contenido académico que vemos en la FAUBA a través de proyectos de extensión y de la mano de una organización social como el MNCI para entender los contextos sociales en que surgen diversos los problemas y hasta participar en su solución”.

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