El 95% de los bebés con malformaciones del corazón pueden mejorar su pronóstico

Las cardiopatías congénitas son una de las malformaciones más comunes en los recién nacidos, la principal causa de muerte en menores de un año y la segunda causa de muerte en la infancia. Sin embargo, el 95 por ciento de los pacientes que reciben tratamiento oportuno pueden mejorar su pronóstico y calidad de vida.

“La expectativa y calidad de vida aumentaron en las últimas décadas asociadas al acceso a los controles prenatales, la red de servicios de salud, los avances tecnológicos y técnicas quirúrgicas, y el enfoque multidisciplinario en la atención de pacientes con cardiopatías congénitas”, asegura Gladys Salgado, jefa de Cardiología del Garrahan y recuerda que: “La ecografía durante el embarazo es muy importante ya que puede detectar malformaciones a partir de las 20 semanas de gestación”.

En el Hospital Garrahan funciona el Centro Coordinador de Derivaciones del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, creado en 2008, que recibe más de 18 mil consultas anuales de todo el país. El 70% de los pacientes con cardiopatías congénitas complejas que requieren intervención en los primeros 3 meses de vida se resuelven en el centro pediátrico y sin tiempos de espera, totalizando unas 500 cirugías correctoras por año y 600 cateterismos.

El año pasado se realizaron ocho trasplantes cardíacos, dos de los cuales tenían una cardiopatía congénita y el diagnóstico del resto de las y los pacientes fueron por miocardiopatías.

En 2023 se otorgó rango de ley al Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, que desde su creación en 2008 atendió a más de 20 mil niñas y niños que fueron intervenidos quirúrgicamente y logró reducir la lista de espera para estas intervenciones de mil a cero. De 2008 a 2021, las muertes infantiles por malformaciones congénitas bajaron de 2.285 a 1.249 y por malformaciones cardíacas disminuyeron de 847 a 513.

Dentro del abordaje interdisciplinario, el Garrahan cuenta con el Consultorio de Condiciones Crónicas Complejas (CCC) que realiza el seguimiento de estos pacientes durante los primeros años de vida. El área coordina la atención interdisciplinaria con cardiólogos, genetistas, neurólogos, nutricionistas, kinesiólogos, trabajadores sociales, y otras disciplinas, de acuerdo con las necesidades individuales de cada paciente.

El seguimiento permite la detección precoz de complicaciones y secuelas. El objetivo es mejorar no solo la sobrevida, sino la calidad de vida, cuidando la salud integral para el desarrollo adecuado de capacidades funcionales que les permitan a las niñas y niños la inclusión en su comunidad.

Es importante destacar que las y los adolescentes con cardiopatía congénita necesitarán controlarse a largo de toda su vida. “Es fundamental desarrollar un programa de transición, planificado que logre intervenciones oportunas, en forma coordinada e individualizada, con el fin de apoyar el proceso de la transición y transferencia a la edad adulta y lograr resultados satisfactorios”, concluyó Salgado.

 

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