El daño acumulado del ADN predice con mucha antelación el riesgo de melanoma

El recuento de mutaciones en las células expuestas al sol tiene el potencial de ofrecer pautas de detección personalizadas de este mortal cáncer.

El melanoma, el cáncer de piel más mortal, se podría detectar mucho antes de que se convierta en un asesino. Hasta ahora, el diagnóstico precoz se lleva a cabo con la identificación de lunares sospechosos, pero según un estudio que se publica hoy en «Nature», se puede medir el daño en el ADN de las células cutáneas individuales, lo que adelantaría muchos años la detección de este cáncer.

El daño de la piel causado por el sol se acumula con el tiempo y el ADN dentro de las células de la piel también acumula daños durante años de exposición a los rayos ultravioleta del sol.

Investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) han empleado métodos genómicos para medir el daño cutáneo y poder así estimar el riesgo de melanoma entre la población general.

«Una gran cantidad de células individuales en la ‘piel normal’ contienen mutaciones asociadas con el melanoma, que son el resultado de la exposición al sol», señala Hunter Shain, autor del estudio.

Sin embargo, el melanoma se detecta solo después de décadas de daño mutacional, pero algunas personas tienen un riesgo mayor que otras. Con las técnicas que hemos desarrollado, subraya, «las personas que tienen la mayor cantidad de mutaciones acumuladas pueden ser vigiladas más de cerca y optar por protegerse mejor de la exposición al sol».

En el estudio de «Nature», los investigadores secuenciaron el ADN de los melanocitos procedentes de muestras de piel para contar las mutaciones; en concreto se centraron en un subgrupo de mutaciones que son los principales impulsores de la aparición y el crecimiento del melanoma.

Las muestras procedían de seis personas, dos supervivientes de melanoma y cuatro personas ya fallecidas que nunca habían padecido melanoma. Todos eran blancos. Los investigadores analizaron el ADN de un total de 133 melanocitos de diferentes localizaciones del cuerpo: espalda, cabeza, piernas, hombros, nalgas y pies.

Los resultados mostraron que los melanocitos de la piel normal que rodeaba el melanoma en los pacientes que había tenido cáncer presentaban más mutaciones, incluidas mutaciones asociadas al melanoma, que la piel de los mismos sitios en personas que nunca habían tenido melanoma.

Las personas con muchos lunares aún deben hacerse exámenes de detección, afirma Shain, pero solo el 30 por ciento de los melanomas surgen de lunares preexistentes.

«Los melanomas realmente aparecen de la ‘nada’ -asegura Shain-. En este trabajo hemos visto que la piel normal contiene numerosos melanocitos que ya exhiben algunas de las mutaciones asociadas con el cáncer. Esencialmente, encontramos los precursores del 70 por ciento de los melanomas que no surgen de lunares preexistentes».

Aunque una mayor exposición al sol conduces causa de a un mayor riesgo, la relación es compleja, explica Shain, y se relaciona con el tono de la piel, la capacidad inherente de reparación del ADN y otros factores. Las quemaduras solares infantiles pueden representar un riesgo mayor que las exposiciones ocupacionales durante la edad adulta, como trabajar al aire libre. «La medición de mutaciones puede ser una buena forma de valorar el efecto neto de todas estas variables sobre el riesgo de melanoma».

Curiosamente, el melanoma se presenta con más frecuencia en áreas de la piel expuestas al sol de manera intermitente, como la espalda o los muslos, en comparación con las áreas de exposición crónica, como la cara. De acuerdo con este patrón, el equipo de Shain encontró más mutaciones en los melanocitos de la espalda y las extremidades que en la piel de la cabeza y el cuello.

Debido a que hay muy poco ADN en una sola célula en comparación con una muestra biológica típica que contiene una multitud de células, el ADN debe amplificarse para obtener cantidades suficientes. Las enzimas utilizadas para amplificar el ADN introducen errores, pero el equipo de Shain utilizó métodos de laboratorio sofisticados para distinguir mejor los errores de amplificación de las mutaciones verdaderas y desarrolló algoritmos informáticos para mejorar aún más la precisión del análisis.

«Pensamos que una versión optimizada y automatizada de estos métodos se convertirá, algún día, en la forma idónea para valorar el riesgo de melanoma», concluye el investigador.

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