Ingeniería genética al servicio de la salud

Investigadores del CONICET trabajan en proyecto para producir el factor IX de la coagulación, proteína cuya deficiencia es la causa de la hemofilia tipo B.

La hemofilia es una patología genética y hereditaria que se caracteriza por un defecto en la coagulación de la sangre. Para un paciente con esta enfermedad, una intervención quirúrgica sencilla o una extracción dental pueden convertirse en un problema grave dado que no se podrá detener la hemorragia. Su causa es la deficiencia en la producción de alguna de las proteínas (factores) que intervienen en la formación del coágulo. Su tratamiento terapéutico implica justamente la administración de las proteínas faltantes.

La deficiencia de los factores VIII y IX de la coagulación son respectivamente las causas de las hemofilias tipo A y tipo B. Si bien este segundo tipo tiene una prevalencia mucho menor, la posibilidad de poder generar en Argentina el factor IX -que actualmente cuenta con un sólo productor mundial- permitiría evitar al país la necesidad de importarlo y ahorrarle el costo anual en divisas que ello implica.

Investigadores del CONICET del Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (CIBICI; CONICET-UNC) y del Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC; CONICET-UNC) son los asesores científicos desde hace más de un lustro de un proyecto denominado BIOHEMO que en articulación con el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) apuesta, a través de métodos de ingeniería genética, a producir en Argentina el factor IX de la coagulación. El proyecto se desarrolla técnicamente en el Laboratorio de Hemoderivados con la participación de profesionales y jóvenes investigadores de la institución.

“Lo que nosotros buscamos es producir el factor IX de la coagulación a través de técnicas de ADN recombinante. Esto es, utilizando la secuencia de ADN del gen que codifica para esta proteína, sintetizar el factor IX humano, en células en cultivo de otra especie, -nosotros utilizamos en este caso las provenientes de hámster chino, células tradicionalmente utilizadas para sintetizar proteínas humanas-. A nivel de laboratorio y recientemente a escala piloto, pudimos llevar adelante este procedimiento de manera exitosa, sintetizando factor IX no sólo con actividad biológica sino también con propiedades físico-químicas idénticas al factor IX disponible comercialmente. El desafío ahora es llevar su producción a una escala más alta porque nuestro interés es que atraviese todos los controles de calidad y bioseguridad necesarios a fin de que cumpla el objetivo principal, su aplicación en pacientes que necesitan este producto”, explica José Luis Bocco, investigador superior del CONICET en el CIBICI y uno de los responsables del proyecto.

El Laboratorio de Hemoderivados de la UNC se dedica principalmente a la producción de fármacos derivados del plasma humano, que es la fracción líquida de la sangre, es decir libre de glóbulos rojos y de glóbulos blancos, y está compuesto por un 90 por ciento de agua y un 10 por ciento de proteínas. La purificación de diversos compuestos que se encuentran en este fluido (como albúmina sérica, factores de coagulación, antitrombina III o gammaglobulina) resulta útil para el tratamiento de distintas enfermedades, incluida la hemofilia. Pero este modo de producción requiere indefectiblemente de disponer de plasma humano que se obtiene a través de donantes de sangre.

“En el caso de la producción de proteínas recombinantes -a diferencia de cuando se trabaja en la purificación a partir de fluidos naturales humanos- no hay limitación en la disponibilidad de la fuente. Por otro lado, es un procedimiento más seguro en cuanto a que la posibilidad de contaminación con otros factores biológicos es muy escasa”, explica Carlos Argaraña, investigador superior del CONICET en el CIQUIBIC y otro de los encargados del proyecto.

Esta experiencia no es la primera en la producción del factor IX de la coagulación por tecnologías de ADN recombinante sino que se trata de un producto biosimilar, lo cual alienta la expectativa de los científicos de que la llegada al mercado de este producto no se demore mucho.

“Si bien para que nuestro producto pueda comercializarse es necesario que atraviese todos los controles exigidos por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), al tratarse de un biosimilar -es decir, de una tecnología validada y un producto que ya se comercializa- los tiempos para su aprobación son más breves”, afirma José Luis Daniotti, investigador principal del Consejo, Vicedirector del CIQUIBIC y tercer integrante del grupo asesor.

BIOHEMO fue en parte financiado a través del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (hoy dependiente del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología) y por el Laboratorio de Hemoderivados de la UNC. Más allá del proyecto concreto para sustituir la importación del factor IX, la apuesta de fondo es generar una empresa de base tecnológica (EBT) que dependa del CONICET y la UNC, con sede física en la Ciudad Universitaria de Córdoba y con capacidad instalada para producir también otras proteínas recombinantes necesarias para el país.

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