Investigadores neutralizan el coronavirus con anticuerpos derivados de llamas y huevos

La inmunización de una llama en la unidad experimental del INTA y la posterior construcción de una biblioteca de nanoanticuerpos de llamas contra la COVID-19, fue la puerta de entrada para obtener nanoanticuerpos con la capacidad de inhibir la infección viral provocada por el coronavirus SARS-CoV-2.

En este recorrido de producir los nanoanticuerpos, los investigadores inmunizaron a Spike –nombre de la llama– con la proteína que forma la corona del SARS-CoV-2. Luego extrajeron una muestra de sangre y, de allí, los linfocitos circulantes. A partir de esas células se purificó el ARN –ácido ribonucleico– mensajero, que contiene información de los anticuerpos que elabora el camélido.

Este primer reservorio “elaborado en la Argentina contiene información genética sobre los anticuerpos que producen estos camélidos frente al SARS-CoV-2. Mediante un biopaneo de la biblioteca es posible seleccionar los anticuerpos que generan estos camélidos cuando son expuestos a la proteína del virus y que poseen la capacidad de neutralizar la infección viral”, señaló Marina Bok, investigadora de INCUINTA.

Con la información codificada en los genes VHH se obtuvieron anticuerpos monoclonales que demostraron su capacidad para inhibir una infección viral utilizando tres ensayos de neutralización diferentes.

Los nanoanticuerpos y los anticuerpos IgY obtenidos podrán utilizarse como tratamientos preventivos y terapéuticos de COVID-19, aunque también son herramientas útiles para el desarrollo de métodos inmunodiagnósticos, entre otras aplicaciones.

El resultado de 15 años de investigaciones

La historia se remonta al año 2005, cuando Viviana Parreño y su equipo iniciaron el desarrollo de plataformas para la producción de nanoanticuerpos en INTA. Derivados de camélidos sudamericanos, esta línea de investigación trabaja bajo el concepto de “Una única salud”. Iniciativa en la que tanto la salud humana como la sanidad animal son interdependientes y están vinculadas a los ecosistemas en los cuales coexisten.

“Al momento de inicio de la pandemia, en INTA y CONICET estábamos investigando en el desarrollo de nanoanticuerpos para influenza H1N1, también en estrecha colaboración con el Instituto Malbrán, por lo que decidimos poner manos a la obra y comenzar este proyecto”, comentó Parreño.

En la línea de investigación en nanoanticuerpos, trabajaron con estas moléculas muy pequeñas derivadas de los anticuerpos de cadena pesada que poseen las diferentes clases de camélidos –camellos, llamas, alpacas, vicuñas y guanacos–. Las moléculas más pequeñas que existen en la naturaleza y que poseen la capacidad de reconocer a otra y de neutralizarla.

La producción de los anticuerpos IgY se realiza a partir de la inmunización de gallinas y su obtención de la yema de los huevos. Esta tecnología permite producir grandes cantidades de anticuerpos de muy buena afinidad en corto tiempo y forma parte de las alternativas de producción alineadas con el bienestar animal y de acuerdo con el principio de las 3R -reducir, reemplazar, refinar-.

La empresa Bioinnovo SA cuenta con una capacidad instalada de 1000 gallinas que pueden producir unos 20 Kg de anticuerpos IgY por año.

Al trabajo del INTA en este logro se sumó el apoyo recibido del CONICET y de los equipos de investigación de la ANLIS-Malbrán, del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y de la Universidad Nacional de San Martín.

Contó con aportes de la cartera de proyectos INTA y del proyecto para la promoción del Protocolo de Nagoya en Argentina (GEF/PNUD) del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación. Además de empresas farmacéuticas argentinas y de investigadores del Centro de Investigación de Vacunas (VRC) del Instituto Nacional para la Salud (NIH) y del Hospital Monte Sinaí -Nueva York-, ambos de los Estados Unidos, y el Consejo Nacional de Investigación de Canadá (NRCC).

La sinergia lograda entre las instituciones y los investigadores hizo posible tener una respuesta rápida frente a esta situación de emergencia. Resultado del compromiso y la labor en equipo que, además de Parreño, Ibañez y Wigdorovitz, integran Marina Bok, Florencia Pavan, Juan Pablo Malito, Gisela Marcoppido, Diego Franco, Laura López, Celina Vega, Laura Crispino.

Este equipo reconoce la colaboración de los investigadores de INTA Andrea Puebla y Oscar Taboga, y de integrantes del consorcio anti-COVID de diferentes institutos y universidades del país que colaboraron en la provisión de plásmidos y proteínas de los científicos, entre quienes se encuentran Alejandro Nadra, Javier Santos y Cecilia D’Alessio (IB3, FCEN – UBA). A nivel internacional, a los científicos Yves Durocher (NRC) de Canadá, Karin Bok (VCR, NIH), Lijuan Yuan (VPI) y Florian krammer (Mount Sinai) de Estados Unidos.

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