La alergia a la leche de vaca afecta a más de quince mil bebés por año en Argentina

Más de 15 mil recién nacidos presentan cada año en la Argentina la Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV), la alergia alimentaria más frecuente durante la infancia, y los especialistas reconocen que su prevalencia va en aumento.

La APLV se origina por una respuesta inmunológica exagerada del bebé ante la ingesta de una o más proteínas de la leche de vaca, que atraviesan la leche materna y pueden sensibilizar a niños con predisposición a las alergias.

El cuadro habitualmente se puede presentar en dos formas: algunos pacientes tendrán síntomas digestivos como vómitos, cólicos, diarrea, moco y sangre en materia fecal, de aparición tardía, mientras que otros manifiestan síntomas en forma inmediata a la ingesta, que pueden ser desde erupciones cutáneas, ronchas, hinchazón de labios y párpados, o alergia oral, que afecta a labios, lengua y garganta, hasta la expresión más severa que es la anafilaxia, una reacción alérgica que puede llegar a obstruir las vías respiratorias y poner en riesgo la vida.

Según la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) las alergias a la proteína de la leche de vaca se clasifican en 3 tipos diferentes:

a) Las de inicio rápido luego de la exposición al alimento, que suelen ser más sencillas de diagnosticar y se originan por la reacción inmunológica de anticuerpos llamados Inmunoglobulina E (IgE).

b) Las de respuesta tardía, que suelen dificultar su diagnóstico temprano, ya que no es tan sencillo relacionarlas con la ingesta del alimento o identificar cuál de los alimentos la produce. En ellas no participa la IgE.

c) Las APLV mixtas, en las que la reacción alérgica muchas veces es inmediata, pero otras pueden manifestarse tanto de forma inmediata como retardada, involucrando también a otras células específicas.

Más allá del subtipo, en todos los casos el abordaje es similar: comienza con la exclusión absoluta de la ingesta de proteína de leche de vaca, tanto por parte de la mamá como del niño o niña, pero cambiará seguramente el tipo de fórmula medicamentosa que el especialista indicará, en caso de que corresponda.

“Por lo general, la APLV se desarrolla durante el primer año de vida y suele pasar tiempo entre los primeros síntomas, la alerta de sus cuidadores y, finalmente, el diagnóstico y tratamiento.
Durante este período, se afecta la calidad de vida tanto de los niños como de su entorno familiar e inclusive, en algunos casos, puede producirse una mala progresión de peso en el infante con consecuencias para su desarrollo futuro”, destacó la directora del Comité Científico de Alergias Alimentarias y Anafilaxia de la AAAeIC, Karina López.

Asimismo, la médica pediatra añadió: “La condición suele ser transitoria y la mayoría la resuelve entre los 2 y 3 años de edad, aproximadamente. Sin embargo, existe un pequeño porcentaje que continúa con la alergia durante la vida adulta”.

“El abordaje requiere del trabajo en conjunto de la familia, del pediatra de cabecera, del equipo médico y de la comunidad, ya que se debe evitar que el niño ingiera cualquier alimento que contenga la proteína de la leche de vaca -lo que se vuelve más difícil cuando empieza a ir a la escuela o a visitar casas ajenas- y también quien amamante debe modificar su dieta”, describió el especialista en Alergia e Inmunología Jorge Martínez.

A este primer paso en la terapia se lo denomina “dieta de exclusión”: la mamá que amamanta debe dejar de consumir cualquier producto lácteo o que contenga la proteína de la leche de vaca, como pan, purés, manteca, crema, postres lácteos, dulce de leche, salchichas, galletitas, tortas y tartas, entre muchos otros alimentos.

Asimismo, el niño también debe seguir esta dieta desde que comienza a recibir alimentación complementaria. “Para aquellos casos en que la dieta de exclusión no es posible, o en los que no se puede continuar con la lactancia materna, existen fórmulas medicamentosas especialmente diseñadas para el tratamiento de la APLV que deben ser prescriptas por un médico especialista”, afirmaron los pediatras.

“Lo importante es que la cobertura de estas fórmulas medicamentosas prescriptas por un médico especialista se encuentra garantizada al 100% por la ley 27.305”, dijo Sandra Del Hoyo, presidenta y fundadora de RedInmunos, una asociación civil formada por padres de niños con alergias a alimentos.

La norma en cuestión establece que las obras sociales y prepagas y, en el caso de que la familia no cuente con seguridad social, el Estado, deben cubrir al 100% el consumo de leches de fórmula medicamentosas.

“Este punto es importante porque muchas familias creen que deberán hacerse cargo del costo de las leches de fórmula medicamentosas o que luego del año de vida ya no están cubiertas.

La realidad es que, afortunadamente, hay una ley nacional que garantiza el acceso durante el período que el especialista considere necesario”, explicó Del Hoyo.

Y añadió: “El pediatra acreditará el diagnóstico de APLV mediante certificado médico y emitirá la receta correspondiente; ante ello, ninguna entidad perteneciente al sistema de salud podrá negarse a la provisión de la fórmula medicamentosa, que es el único alimento que el bebé puede recibir en una etapa crucial de su formación y crecimiento”. RedInmunos tiene por objetivo “dar a conocer esta problemática con la finalidad de contribuir a mejorar la calidad de vida de los niños que padecen alergias a alimentos y a sus familiares”.

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