“La verdad de los huesos”, un libro sobre la violencia y los “monstruos” que nos habitan

El volumen de cuentos, que reúne 10 historias narradas con estilo ágil y tensión policial, es el vehículo que encontró el publicista y escritor Federico Watkins para dar registro de una sociedad que percibe violenta y caracterizar a esos “monstruos” de inocente fachada que pueden vivir en la casa contigua a la nuestra.

Un joven enamorado de una rescatista de perros que ignora la verdadera finalidad de esa actividad; una chica perdida en una carretera junto a su ex novio; otra mujer que despierta encerrada en una habitación y un niño que desaparece en un apacible barrio, son algunas de las historias que reflejan la crueldad, la desesperación, las perversiones, la venganza y la frialdad asesina de la que puede ser capaz el hombre.

“La verdad de los huesos”, publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), presenta una docena de historias narradas con estilo ágil y tensión policial, en las que, tras lograr que el lector se involucre en cada situación, el narrador sorprende con un giro inesperado que obliga a replantear distintas situaciones de violencia, que el autor identifica como un signo de los tiempos.

Federico Watkins, publicista y escritor neuquino, ha publicado sus cuentos en el Suplemento Verano de Página/12 y en la antología “Mentira” de Estuario Casa Editorial (Uruguay). “La Verdad en los huesos”, publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, es su primer libro.

Entrevista

– Télam: ¿Por qué eligió el formato cuento para narrar estas historias?

– Federico Watkins: Creo que es el formato perfecto: soy un fundamentalista del cuento. Trabajé cada historia buscando la brevedad. Como dice Kurt Vonnegut, “empezar lo más cerca posible del final”. Busqué acciones sintéticas, sin adornos, sin devaneos, cada tanto algún pequeño momento de humor, algo que es más fuerte que yo. Así aprendí a leer y a narrar, y así me gusta. Cada manuscrito es un objeto físico y puedo estar meses tallándolo, quitándole palabras hasta dejarlo en los huesos: aprendí que ahí, en lo mínimo, está el cuento.

– T.: ¿De dónde surgieron esos cuentos, de imágenes, sueños, anécdotas o de algún hecho real que rescata su formación de periodista?

– FW: Algunos son miedos transformados en historias, otros parten de alguna imagen, otros son pura invención, aunque si algo tienen en común es que suceden en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

– T.: Roberto Arlt planteaba que había que escribir con la potencia de un cross en la mandíbula…. Hay algo de eso en los remates de muchos de sus cuentos, ¿qué otras influencias reconoce?

– FW: Con el tiempo empecé a pensar que ese prólogo a “Los Lanzallamas” era más que nada sobre la vida. Instrucciones para la existencia: no perder el tiempo, no aburrirse, escribir, corregir, editar, avanzar. En cuanto a la escritura, en esa tesitura arltiana me intento mover: simpleza, brevedad, acción. A veces el cross está al final, a veces es el cuento entero. Es la manera que encontré de honrar a mis maestros: (Charles) Bukowski, (Julio) Cortázar, (Jack) London, (Edgar Allan) Poe, por nombrar a los más importantes.

– T.: ¿Cómo trabajó los personajes de sus cuentos, que se apartan de la figura del héroe o heroína tradicional y parecen convivir con ángeles y demonios en su interior?

– FW: Yo creo que hay varias situaciones heroicas. Quizás no la figura del héroe. Pero sí algunas escenas de redención, ¿no? El protagonista de “Alimento para perros” o el de “La verdad en los huesos”. Incluso María Pía, la nena de “Explosión en el silencio”. Pero sí, todos tienen esa lucha interna, ese monstruo que quiere aparecer en cada curva del camino. El mundo es un lugar espantoso pero la vida es hermosa: en el hecho de levantarse cada mañana hay un desafío. Luchar contra nuestros ángeles y demonios también tiene su cuota de heroicidad. Creo que van de la mano. O como dice Carver: “escribo sobre gente que se siente amenazada por el mundo”.

– T.: En la mayoría de los cuentos hay una tensión casi policial, dada por una información secreta que los atraviesa y explica y que de algún modo necesita la complicidad del lector para completar la historia.

F- W: Cuando edito, mi objetivo es ir escamoteando información. No para hacer un cuento críptico sino para llegar a un equilibrio entre lo que se dice y lo que no. Una vez que la información está balanceada me siento conforme. Después queda en manos de los lectores.

 

Fuente: Diana López Gijsberts, TELAM

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