Premio Nobel en Fisiología o Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C

Los galardonados sentaron las bases para la eliminación del contagio en transfusiones y para el desarrollo de medicación efectiva. Científicas del CONICET explican el alcance e importancia de estos descubrimientos.

En una ceremonia virtual desde Estocolmo, Suecia, el Instituto Karolinska anunció que los estadounidenses Harvey Alter y Charles Rice y el británico Michael Houghton serán los galardonados con el Nobel en Fisiología o Medicina por su contribución decisiva en la lucha contra la hepatitis C por transfusión sanguínea.

Los descubrimientos de los científicos galardonados permitieron, según los fundamentos de la Asamblea, que existan “análisis de sangre de alta sensibilidad para el virus que prácticamente eliminaron la hepatitis C por transfusión y mejoraron considerablemente la salud global”.

En 1975 Harvey Alter demostró que había un virus desconocido como causa de la hepatitis crónica, Houghton por su parte más diez años después (1989) logró aislar el genoma de este virus y lo denominó hepatitis C, mientras que Charles Rice, pudo demostrar que la presencia de este virus causa hepatitis por sí solo.

La hepatitis de transmisión sanguínea causa más de un millón de muertes por año en todo el mundo, lo que lo convierte en un problema de salud mundial en una escala comparable a la infección por VIH y tuberculosis, según el comunicado oficial.

Las investigadoras principales del CONICET María Victoria Preciado, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones en Patología Pedíatricas (IMIPP, CONICET-UBA), y Silvia Sookoian, del Instituto de Investigaciones Médicas (IDIM, CONICET-UBA), trabajaron en contacto directo con pacientes de esta patología y cuentan cómo los galardonados contribuyeron a que exista una perspectiva de erradicar la enfermedad, principalmente por la posibilidad de testear a los infectados y por el desarrollo de hace menos de 10 años de medicamentos con una alta efectividad.

La hepatitis C fue uno de los grandes problemas de salud mundial, debido a que era un virus que infectaba a más de 170 millones de personas, que no tenía una vacuna y para el cual no había un tratamiento exitoso. “Hace cerca de 10 años atrás aparecieron los antivirales de acción directa, que son drogas que se pueden comparar, por su modo de acción contra enzimas virales, con la terapia antirretroviral para HIV [virus de inmunodeficiencia humana, causante del Sindrome de Inmunodeficiencia adquirida, SIDA]”

“Hoy en día se lograron formulaciones que incluyen exitosamente una respuesta viral sostenida en pacientes con infección crónica por hepatitis C, y con una tasa de respuesta  superior al 90 por ciento”, explica Preciado, quien en 2017 fue reconocida, junto con la investigadora adjunta del CONICET Pamela Valva y el equipo de trabajo, con el premio “Adolfo Aztirria”, que otorga la Academia Nacional de Medicina por su investigaciones en hepatitis C.

Por la naturaleza de la enfermedad, explican las investigadoras, muchos pacientes no presentan síntomas por años, con lo cual pueden descubrir que están infectados en un estado avanzado de la enfermedad y con el riesgo de haber infectado a otras personas. “El gran cuello de botella y por el cual no está resuelto el problema de la hepatitis C, es la falta de screening. Teniendo la droga ahora hay que buscar quién la necesita y evitar los infectados ‘silenciosos’Lo central hoy es detectar a los nuevos infectados y este es uno de los objetivos de la OMS para el 2030, aumentar la detección para poder tratar y erradicar la enfermedad”, considera la científica.

Un avance monumental en la práctica médica

Con el descubrimiento del virus, en el año 1989, cuenta Sookoian, quien en ese entonces se desempeñaba como hepatopatóloga en el Hospital Argerich, (Ciudad de Buenos Aires), se produjo un hito en la enfermedad ya que unos años después se pudo empezar testear la presencia del virus en los bancos de sangre, al personal de salud, y por ejemplo a los pacientes renales crónicos en hemodiálisis -en ese entonces considerados como una de las principales poblaciones de riesgo.

“Fueron avances muy importantes que se dieron en 3 o 4 años, en la práctica médica, y fue monumental: testear las bolsas de sangre y hacer transfusiones seguras; ponerle nombre y apellido a una enfermedad y poder testear a los contactos de las personas infectadas, por ejemplo en la transmisión vertical -de la madre al hijo-, o transmisión sexual; y poder identificar grupos de riesgo: los politransfundidos o aquellos que requieran hemodiálisis”, agrega Sookoian.

Las investigaciones de Alter, Houghton y Rice, fueron, asegura la investigadora, “tres abordajes distintos, el epidemiológico, el virológico y el de estudiar mecanismos de infección y replicación, que cambiaron la historia de la enfermedad en los pacientes”.

Los galardones se entregarán el 10 de diciembre en un acto modificado por las condiciones actuales de pandemia. Será accesible presencialmente a un reducido número de periodistas, en contraste con los eventos multitudinarios que suelen realizarse en Estocolmo, Suecia, año a año.

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