“Subestimaba al Covid en jóvenes y estoy viva de milagro”, dijo una argentina residente en Turquía

Antonela Ferrari, periodista free lance e influencer argentina que vive desde hace cinco años en Estambul junto a su marido, sufrió secuelas hasta cuatro meses después de haber tenido coronavirus.

Antonela Ferrari, periodista free lance e influencer argentina que vive desde hace cinco años en Estambul junto a su marido, sufrió secuelas hasta cuatro meses después de haber tenido coronavirus, una enfermedad que consideraba de impacto bajo en las personas jóvenes, y hoy celebra estar viva “de milagro”.

“Yo era una de las que subestimaba mucho al Covid en jóvenes; pensaba que el día que me tocara a mí seguramente iba a ser asintomática o muy leve, y estoy viva de milagro”, contó a Télam Antonela, quien por estos días está en la localidad bonaerense de Campana, de donde es oriunda.

La joven de 34 años se contagió el coronavirus en diciembre pasado en Turquía y su cuadro se complicó en parte por la saturación del sistema de salud que atravesaba ese país.

“Tuve todos los recaudos pero me lo contagié en mi propia casa”, dijo y aunque no presentaba factores de riesgo físicos previos tuvo intensos síntomas durante los 21 días que duró la enfermedad, entre ellos fiebre ininterrumpida, pérdida de conciencia, dificultad para respirar, tos, desmayos, vómitos, diarrea, dolor corporal, falta de apetito y pérdida de gusto y olfato.

Como sucede en distintos países del mundo de forma estacional, la falta de camas en el sistema sanitario dificultó la atención médica de Antonela.

“Con mi marido llamamos a decenas de hospitales y ninguno tenía cama. En ese momento había 35.000 casos diarios en promedio y buscábamos hospitales en los que alguien hablara inglés porque mi nivel de turco no es bilingüe y yo no quería estar sola en un país que casi no conozco y me aterraba la situación”, describió Antonela.

A pesar de haber tenido el alta epidemiológica a los 14 días, su estado físico y mental no mejoraba, y desarrolló una neumonía que afectó por completo a su pulmón izquierdo, tratado tardíamente con antibióticos.

Además, se sentía cansada, débil y comenzó a sufrir ataques de ansiedad y de pánico, que luego fueron diagnosticados por su psicóloga y su psiquiatra como “estrés post traumático”. También perdió peso y padeció insomnio.

“Nunca imaginé que podría llegar a estar tan mal”, aseguró la mujer, que por el cuadro de salud buscó tratamientos con especialistas para intentar mejorar su estado físico y emocional. Por la falta de aire fue derivada a fisioterapia para reanimar el pulmón y recuperar su capacidad respiratoria.

Los ejercicios consistían “en salir todos los días, respirar aire fresco, no estar encerrada con la calefacción al máximo en mi casa (en pleno período invernal) y empezar a mover un poco el cuerpo, que me dolía después de tantos días postrada. También tenía que volver a comer porque había bajado casi siete kilos”, contó en diálogo con Télam.

Para tratar el estrés postraumático, los ataques de pánico y el insomnio realizó un tratamiento con profesionales en salud mental que le indicaron la toma de ansiolíticos.

Antonela está estos días visitando a sus familiares y planea volver a Turquía próximamente.

“Mi familia sufrió muchísimo con una hija que se estaba muriendo a 12 mil kilómetros. Ahora estoy mucho mejor a nivel psicológico. La contención de mis amigos y mi familia fue fundamental”, concluyó.

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