Suelos tóxicos: Primeros pasos hacia su recuperación

Un informe académico da cuenta del grave estado ambiental de una localidad de San Juan contaminada con metales pesados, producto de la minería. Los valores superan hasta 35 veces los niveles admitidos por la ley. Evalúan alternativas de remediación con vegetación autóctona.

Por: Pablo A. Roset

A más de 50 años del cierre de una mina de oro en la localidad sanjuanina de La Planta, los suelos de la región están contaminados severamente con metales pesados como cadmio y arsénico. Un informe elaborado por el INTA y la Secretaría de Agricultura Familiar, del cual también participaron la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y otras instituciones, reveló que las concentraciones de estos metales en el suelo alcanzan hasta 35 veces los máximos contemplados en la legislación argentina y alertó sobre el potencial riesgo para la salud de las 43 familias locales. En este marco, el trabajo evaluó con éxito el uso de enmiendas para disminuir la toxicidad de las tierras. Los investigadores evalúan remediar la región con especies del monte nativo.

“Nuestro trabajo surgió a partir de un pedido de productores de cabras de La Planta, en la provincia de San Juan, quienes veían que luego de las lluvias las cabras tomaban agua de los charcos y se morían. Ellos la llamaban ‘agua roja’. En realidad, es agua de lluvia mezclada con partículas de suelo contaminado con metales pesados producto de la actividad de una mina de oro que funcionó durante décadas en el lugar y que lleva más de 50 años abandonada”, comentó Brian Young, profesional del INTA y docente ad-honorem de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA.

Young agregó que, tras cuatro años de estudiar la zona junto con un equipo multidisciplinario, en 2017 elaboraron un diagnóstico socio-ambiental que fue elevado a autoridades nacionales y provinciales. El informe muestra claramente que los suelos del área tienen niveles muy elevados de cadmio, zinc, arsénico, bismuto, plomo, cobre, manganeso, arsénico y molibdeno. Son metales pesados que hacen que el ambiente sea extremadamente tóxico tanto para las 43 familias que habitan La Planta como para la flora y la fauna del lugar.

En el informe, al cual tuvo acceso Sobre La Tierra, figuran valores de contaminación muy superiores a los máximos que establece la legislación argentina para suelos residenciales. “Por sus efectos altamente perjudiciales, nos interesaba saber qué valores de cadmio y arsénico había en el suelo. En el caso del cadmio, medimos 30,7 microgramos por gramo de suelo (μg/g), cuando por ley no debería superar los 5 μg/g. De arsénico hallamos hasta 1040 μg/g, mientras que la legislación admite hasta 30 μg/g. Es decir: estos valores estuvieron entre 3,2 y 35 veces los máximos permitidos”.

Resultados auspiciosos

“Ante semejante estado ambiental nos planteamos buscar alternativas para que esta situación tan nociva no siga adelante”, dijo Martina Dours, recientemente egresada de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA. “Por eso, se nos ocurrió desarrollar enmiendas orgánicas e inorgánicas para mejorar la condición de esos suelos. O sea, es muy necesario bajar su disponibilidad de metales pesados para que sean menos tóxicos”.

En este sentido, los resultados de la tesis de grado de Dours, bajo la dirección de Young y de Pedro Rizzo, quien también es un profesional del INTA, muestran que es posible reducir la toxicidad de los suelos. “En el INTA Castelar probamos el efecto de agregarle al suelo de La Planta distintas combinaciones de dolomita y compost. La dolomita es un tipo de cal y sirve para disminuir la acidez del suelo. El compost se usa para aportarle materia orgánica y facilitar la inmovilización de los metales pesados. Encontramos que ambas enmiendas disminuyeron exitosamente la toxicidad del suelo, sobre todo en cuanto a cobre, plomo y zinc”.

“En estas condiciones también realizamos bioensayos de toxicidad para evaluar si la presencia de metales pesados afectaba, y cuánto, la elongación de la radícula en bulbos de cebolla. Los resultados indican que las dosis altas de dolomita permitieron que las raíces crecieran más. Además, los suelos enmendados tuvieron una cantidad mayor de microorganismos activos, lo que detectamos a través de la cantidad de dióxido de carbono que respiraban”, añadió Dours.

En relación con estos resultados, Brian Young afirmó que los suelos que recibieron compost y dolomita resultaron menos nocivos y remarcó la necesidad de complementar los avances de Martina Dours con otras tareas y estudios que se vienen llevando a cabo en terreno.

Urgente y remediable

Young comentó que como parte de los estudios interdisciplinarios en la zona afectada se llevó a cabo una caracterización de la vegetación. “A partir del foco del problema, que es la vieja mina de oro, y por acción de las lluvias y el viento, se formó una pluma de contaminación de más de 2 km de extensión. Allí realizamos mediciones y vimos que el suelo está más descubierto y que la vegetación es notablemente menos diversa que en sitios no contaminados. Este es uno de los tantos problemas a remediar”.

“Por fortuna —explicó el docente—, las investigaciones que venimos desarrollando en el INTA de Castelar y de San Juan, donde está trabajando una becaria doctoral, junto con la participación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, sumado a los talleres con los habitantes de la zona, ya permitieron reconocer especies vegetales que crecen en la región y que están demostrando ser tolerantes a este ambiente degradado. Es decir, son especies con potencial para actuar como fitorremediadoras de suelos”.

La idea de Young y del equipo es avanzar en el saneamiento del área combinando los resultados surgidos de la tesis de Martina Dours con el trabajo de doctorado en marcha en San Juan. “Queremos implantar especies vegetales del mismo bosque nativo para intentar reforestar esa zona, y las deberíamos introducir con las proporciones adecuadas de dolomita y compost. Para ello, también sería ambientalmente interesante lograr que se composten los residuos de la región, ya sean agroindustriales o municipales. El área es extensa y se van a necesitar grandes cantidades para enmendar los suelos”.

“Habrá que tener paciencia, ya que se trata de especies de crecimiento muy lento. Lo interesante es que prácticamente no hay antecedentes de una remediación usando el monte nativo en zonas áridas”, señalaron con cautela Martina y Brian.

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