Superbacterias: nueva riesgo que alarma a los expertos

Durante la reunión anual de la SADI, los especialistas alertaron sobre el riesgo de que los equipos de salud se estén quedando con menos herramientas para tratar infecciones comunes cada vez más resistentes.

Hace 30 años que no contábamos con nuevas moléculas antimicrobianas, y las nuevas no están cubriendo las necesidades de los mecanismos emergentes [de resistencia en estos gérmenes] por lo que hay que recurrir a combinaciones con fármacos más antiguos, que por lo general tienen efectos colaterales, señaló Alejandra Corso, jefa del Servicio de Antimicrobianos del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Anlis Malbrán.

En diálogo con el periodismo, la especialista detalló que la detección de cepas de las llamadas enterobacterias productoras de carbapenemasas (enzimas que inactivan antibióticos de amplio espectro, como los carbapenémicos, dentro de la familia de las penicilinas), alcanzó niveles nunca vistos en los centros de salud.

El dato es una señal de alarma para la salud pública, ya que en los últimos 19 meses, se aceleró diez años la resistencia a los antibióticos de bacterias que causan infecciones comunes en la comunidad y en los centros de atención, como infección urinaria, neumonía o sepsis. Y eso aumenta la dificultad para controlarlas con las herramientas terapéuticas disponibles, según coincidieron referentes durante el XXI Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

El balance global del impacto de la pandemia de COVID-19 en la resistencia antimicrobiana es negativo, pero no todo fue por COVID-19, sino que el COVID-19 aceleró un proceso que ya se venía gestando en el país, sostuvo Corso a raíz del trabajo que viene haciendo con su equipo en el laboratorio regional de referencia para resistencia antimicrobiana de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Entre los factores que aceleraron el proceso, se mencionaron (a lo largo de diferentes presentaciones presenciales o virtuales) el aumento de la prescripción de antibióticos a pacientes con COVID-19, sobre todo en la primera ola, pero también en pacientes ambulatorios atendidos por teleconsultas. Se estima que el 60-70% de las personas internadas se indicaron antibióticos, lo que tras una alerta de Anlis Malbrán se corrigió para limitar esa prescripción a los casos graves, mediante una recomendación que emitió el Ministerio de Salud de la Nación.

Otros factores que influyeron fueron la prolongación de las internaciones por las infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) y un mayor uso de dispositivos (catéteres y asistencia respiratoria mecánica), la falta inicial de equipos de protección personal (EPP) durante la primera ola, la derivación de recursos a la atención de COVID-19, la interrupción de la vigilancia de las infecciones por organismos multirresistentes, el alto nivel de estrés en el personal y la saturación del sistema de salud.

El 70% de los pacientes con COVID-19 recibió un tratamiento antibiótico, pero hubo un 4% de coinfecciones (una infección bacteriana adquirida en la comunidad junto con COVID-19 al momento de la internación) y un 8-14% de infecciones secundarias (infección bacteriana o por hongos adquirida en el hospital durante la internación por COVID-19). Esta práctica de prescripción fue heterogénea en el país, pero uniformemente alta, agregó Corso respecto de las recetas por antibiótcos.

Durante la reunión anual de la SADI, los especialistas no dejaron pasar la oportunidad para alertar sobre el riesgo de que los equipos de salud se estén quedando con menos herramientas para tratar infecciones comunes por gérmenes cada vez más resistentes. Para Fernando Pasterán, del Servicio de Antimicrobianos de Anlis Malbrán, la situación “es compleja“.

Hay nuevos antibióticos que traerán cierto alivio, pero, en paralelo al aumento de la resistencia antimicrobiana, es necesario contar con esas moléculas. Si no, los gérmenes imposibles de tratar serán algo cotidiano y no queremos llegar a ese escenario. Estamos en un punto de inflexión y hay que tomar conductas agresivas, pero consensuadas. Deberá ser un tema prioritario cuando se logre controlar la pandemia, precisó a La Nación.

Previo a la pandemia, en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había incuido la resistencia antimicrobiana entre las 10 amenazas para la salud pública global. El G-20 Salud, la reunión de ministros de 24 países, la Unión Europea y la OMS en Mar del Plata, consideró esta causa en 2018 como una de las cuatro prioridades comunes.

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