Un libro rescata la figura de Héctor Viel Temperley, el poeta místico del siglo XX

Con un puñado de libros en los que traduce su experiencia mística, Héctor Viel Temperley se transformó en un poeta de culto que veneraron y difundieron autores como Tamara Kamenszain y Rodolfo Fogwill, aunque tras su muerte en 1987 sus poemas no tuvieron gran circulación, salvo con la edición de sus Obras Completas en 2004. Para sanear esa omisión esta semana será presentado en el Museo del Libro y de la Lengua, “Besarme el rostro en Jesucristo”, un texto de la investigadora Estrella Isabel Koira que reactualiza las miradas sobre el autor.

Empeñada en rescatar la figura del autor que supo cultivar “una mística con los pies en la tierra”, Koira dedicó su tesis doctoral, que acaba de ser publicada, a investigar la poesía y la experiencia mística en la obra del autor de “Hospital Británico”. El resultado es “Besarme el rostro en Jesucristo”, una obra que editó Biblos y reúne no solo el análisis crítico de la poesía del creador de “El nadador” sino también un resumen de los abordajes sobre su obra y, algunos tesoros, como dos de las pocas entrevistas periodísticas que concedió y algunas dedicatorias de himnos y textos religiosos de su puño y letra.

Poeta ambulante, solitario, cultor del ejercicio físico y, sobre todo, religioso practicante, la figura de Viel Temperley recobró vigencia en 2004 a partir del lanzamiento de su “Obra Completa”, en cuyas páginas habitan el cristianismo, el viaje como búsqueda espiritual y la escritura como puerta de acceso a la divinidad. “Empezó a interesarme la poesía que me permitía no solamente esconderme sino evadirme y hacer un mundo, tener un mundo”, sostiene en una de las pocas entrevistas que concedió, en este caso a Sergio Bizzio poco antes de morir, en 1987.

“Considero muy importante rescatar la figura de Héctor Viel Temperley, de quien fui muy amigo. Un poeta cuya característica fue su mística. Él fue un hombre que dedicó su vida a esa búsqueda interior, abandonó la publicidad y todas sus ocupaciones para ser un poeta absoluto, buscador de lo maravilloso”, celebra la aparición del ensayo firmado por Koira el poeta Fernando Sánchez Sorondo, quien también prologó algunos de los libros del poeta.

Sobre la característica peculiar de la obra de Viel Temperley y su apartamiento del mundo literario, e incluso de las tendencias de moda en su época, conversó Estrella Isabel Koira con Télam.

-¿Por qué se considera a Héctor Viel Temperley un poeta de culto pero que no tiene la trascendencia que se merece?
– Lo que se repite, en muchos estudios que se han hecho, es que a él no le gustaban los círculos literarios como modo de dar legitimidad a los autores. Él armaba sus propios circuitos de referencia y le importaban mucho las opiniones de gente a la que respetaba mucho: Manuel Mujica Láinez, Antonio Pagés Larraya, Eduardo Gudiño Kieffer. En sus últimos tiempos, no se involucraba con quienes cultivaban el neobarroco o el objetivismo. No le interesaba formar parte de ningún grupo. Le gustaba ser fiel a la renovación permanente de su propia escritura.

-Pero se mantenía alejado del “mundillo” literario de su época…
-Estaba al tanto de las estéticas de la época, pero se mantenía al margen. Consideraba como maestro a Enrique Molina. Buscó desvincularse de los movimientos estéticos, pero, de algún modo, buscó cierta legitimación porque le mandó, por ejemplo, “Legión extranjera” a Manuel Mujica Láinez quien integraba la Academia Argentina de Letras y quiso saber su opinión. Ése es un libro muy hermoso en el que supera totalmente el neorromanticismo y su asomo al coloquialismo y cambia su lenguaje. En rigor, este cambio ya sucede con “Carta de marear”, un libro que aparece el año 1976. Allí aparecen la forma larga y las imágenes visionarias.

-En algún momento se definió como surrealista…
-Fue en una de las pocas entrevistas que le hicieron. Una que le hizo Sergio Bizzio y donde Viel Temperley dice que puede ser un surrealista. Él se inscribe en un surrealismo, pero un surrealismo que él reelabora porque es el surrealismo con el que va a expresar su experiencia de Dios, experiencia que no se puede deslindar de la expresión. Para Héctor Viel Temperley lenguaje poético y experiencia conformaban una sola cosa. Él tenía un compromiso enorme como poeta, él quería trascender como poeta no solamente como testigo de la acción de Dios. Consideraba que no podía sino deslindar esa relación entre su experiencia de Dios y la expresión de una auténtica poesía. En su primer libro enuncia esta estética expresando su deseo “de humanizar las palabras, de hacerlas rodar por la sangre. O sea, de vertirlas como sangre y no como lenguaje” y yo creo que esta premisa es la que sostiene toda su obra.

-En ese sentido publicó en editoriales alternativas y no en las más renombradas…
-Cuando él elige un camino personal comienza a salir de las mismas editoriales tradicionales. Su primer libro “Poemas con caballos” sale por la Editorial Tirso. El segundo que es más popular y de culto que se llama “El nadador” se publica en la Emecé. Juega con esa idea de nadar: “Soy el nadador, Señor,// soy el hombre que nada.//Soy el hombre que quiere ser aguada//para beber tus lluvias” y ese ritmo es como de letanía, de oración.

Después empieza a publicar en otras editoriales como en Torres Agüero y en Juárez, una editorial chica que publica cosas no tan comerciales.

Luego los últimos libros los publica en su propia editorial, una que inventa y bautiza PAR-AVI-CYGNO, en alusión al apellido de su madre “Parravicini”, que era pariente de Florencio Parravicini, el actor, y de Benjamín Solari Parravicini, el autor de las famosas predicciones. Entonces él los publicó por su cuenta y los imprimió en la imprenta de los salesianos, en la calle Don Bosco del barrio de Almagro.

-Así como se mantuvo alejado del mundo literario también dio pocas entrevistas. Incluye algunas que dio en el apéndice documental de su libro…
-La entrevista de Bizzio es la más famosa pero no es la única. La primera se la hacen en La Razón cuando gana la faja de honor de la SADE en 1957. La segunda es una muy linda en la revista Confirmado, en 1978, que posiblemente le haya hecho Miguel Briante en ocasión de la aparición de “Legión Extranjera” En ella Viel Temperley expresa su ideario como poeta, traza inclusive su proyecto creador. Apelando a la metáfora del nadador, habla de “la escritura por brazadas”, del buscar la respiración en la escritura como ritmo. Esa entrevista lo pinta como un verdadero poeta de su tiempo. En la de Bizzio que es de 1987, se presenta como alguien que ha tenido la experiencia del amor de Dios. Ya es la palabra de un místico. “Vengo de comulgar y estoy en éxtasis”, dice. Contemporánea a esta tenemos la entrevista que le hace Fernando Sánchez Sorondo para el diario La Prensa: “Héctor Viel Temperley. El pecho de la Luz”.

-¿El poeta siempre tuvo esa fe religiosa o sufrió una conversión?
-La relación con Dios es una constante en toda su poesía. En su primer libro que es “Poemas con caballos” uno piensa que se va a hablar del campo. Las primeras lecturas lo vieron como un poeta que recuperaba lo gauchesco, pero en realidad se habla de caballos místicos, del galope intenso de un cuerpo que está en éxtasis.

– Como San Juan de la Cruz y Santa Teresa, Viel apela a las metáforas del amor carnal para hablar de una experiencia espiritual…
-Comúnmente se piensa que la mística implica un divorcio entre cuerpo y alma, que hay un camino que recorre el místico para despojarse del cuerpo. Pero la mística cristiana no tiene ese cariz ya que tiene su centro en la Encarnación, en un Cristo encarnado, que enamora al ser humano de forma integral. Esto está en los libros de Viel, como también la figura del caminante. n los libros que aparecen luego de “El nadador”, está la idea del viaje. Él experimenta a Dios en la naturaleza, en los paisajes, en el mar. En contacto con personas que hacen trabajos hermosos, como el guardafauna. En comunión con ellas.

Él va haciendo ese camino espiritual pero con una impronta muy local. Él hace un itinerario por América. Empieza un viaje que evoca Asunción del Paraguay, las Cataratas del Iguazú, Jujuy. Él tenía un costado local, patriótico. Hasta evocó la gesta sanmartiniana.

Viel es alguien que, en pleno siglo XX, es poeta místico y habla de Dios y de su presencia sin ningún tipo de pudor, sin ningún tipo de represión y que estructura su obra a partir de esa experiencia. Yo diría que la suya es una mística con los pies en la tierra. Podemos también volver a la metáfora del nadador, de alguien que se sumerge en Dios, en algo que lo envuelve, que flota en él y mira al cielo y mira a la profundidad y esa profundidad es estar en la tierra.

-¿Qué es lo que se reconoce de la obra de Viel Temperley, su costado religioso?
-Lo que sobresale, y lo convierte en un poeta de culto es su calidad literaria. En su última época lo leen y no entienden cómo no lo conocieron antes. Uno de los que impulsa la lectura de sus poemas es Rodolfo Fogwil. Él lo difunde y lo hace circular. Después en la Facultad de Filosofía y Letras lo leen en las clases de Delfina Muschietti.

Y ahí empezó un circuito de difusión y empezó a ser muy leído. Fue la época en que Ediciones del Dock publicó sus Obras Completas y empezó a haber traducciones. “Hospital Británico”, por ejemplo, tiene una edición preciosa en italiano.

-En tu libro rescatas el lenguaje que elige Viel Temperley para traducir su experiencia religiosa…
-Elige formas de hablar, no formas de escribir. La mística nace como un habla. Utiliza un lenguaje muy distinto para hablar de la relación con Dios. Busca aprehender el sentido de lo espontáneo, de lo único, de lo irrepetible que tiene el habla para canalizar su experiencia personal.

-¿El objetivo de tu libro es reivindicar la figura del poeta a más de 30 años de su muerte?
-Creo que es importante colocarlo en la serie de la literatura argentina y creo también que el libro es un mínimo punto de partida. Me daría mucha alegría que a partir de éste comenzaran otros estudios. Por eso intenté resumir lo que se ha estudiado sobre su obra, mi intención fue mostrar la unidad, en qué sentido este corpus poético nace de la experiencia de Dios.

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