Derechos de autor y democratización de la cultura: los desafíos del sector editorial

Ante un escenario de crisis histórica para el sector editorial, representantes de la literatura argentina contemporánea, como Elsa Drucaroff, Juan Mattio y María Rosa Lojo, complejizan su rol como trabajadores de la cultura en las sociedades contemporáneas y se atreven a plantear desafíos y roles en la cadena de producción.

Drucaroff destaca que “la industria editorial venía tremendamente dañada por los años de macrismo y el cierre de distribuidoras y librerías le dio el tiro de gracia. Muchas editoriales que levantaron proyectos, pagos de anticipos de derechos y contratos que ya estaban prácticamente acordados, planes editoriales, etc. Esto afecta por supuesto directamente la economía de muchos escritores”.

“No estoy abstractamente en contra de los cliks ni de descargar un PDF, estoy en contra de no consultarlo antes con les escritores, socializar un PDF puede ser en cierto contexto la diferencia para el/la autora entre cubrir o no ingresos esenciales”, explica la docente, ensayista y crítica.

Lojo afirma que “Internet marcó una nueva era en cuanto a la circulación cultural y el libre acceso al saber y al arte. Eso es maravilloso. Pero detrás de cada contenido al que accedemos, hay horas de trabajo y de servicio a los demás”.

La autora de “La princesa federal” considera que “el gran desafío es encontrar la manera en que –sin anular el proceso de democratización del conocimiento- se pueda retribuir a quienes lo producen. Quizá, por ejemplo, con un porcentaje de lo que se paga por publicidad dentro de los mismos buscadores o redes sociales”.

En su caso, Lojo cuenta que nunca pudo vivir de sus regalías, llegó a tener “buenas rachas” pero sus ingresos “regulares y estables” vinieron siempre de su trabajo como investigadora y docente.

En tanto Drucaroff dice que de sus obras publicadas algunas se tradujeron y eso representó entradas de dinero, lo que hicieron que “de a poco los ingresos por derechos de autor se volvieran un 20 o 30%” de sus ingresos anuales.

“En sí no son enormes pero es una proporción significativa. No vivo de mis libros pero mis libros hacen una diferencia esencial para vivir. No pagan lujos ojo, pagan cosas importantes. A esto se suma que gané un premio por mi novela “El infierno prometido” y desde que cobro ese premio me sostengo con más facilidad. Entonces: sí, subrayo que también vivo de escribir/haber escrito libros, aunque no únicamente. Y somos muchos y muchas en Argentina les escritores en esta situación”.

Para Mattio, “vivir de la escritura en este país supondría que un autor puede vender sus textos en el mercado. Y eso no es ni posible ni creo que sea deseable. No es posible porque la cantidad de lectores que tiene la ficción contemporánea argentina es muy limitado. Un libro al que le va muy bien tal vez alcanza a vender 15 o 20 mil copias. Pero son muy, muy pocos. La mayoría apenas puede vender una tirada de 3 mil ejemplares”.

Cuando dice que no cree que sea deseable es porque “en la medida que un autor quiere vivir de su escritura se enfrenta a dos problemas: escribir al ritmo que generan sus necesidades (una novela por año, por ejemplo) y además escribir novelas que le interesen al mercado, lo que puede ser una trampa muy peligrosa”.
Por otro lado, el escritor y docente remarca que “el autor recibe el 10% del precio de tapa del libro que escribió. En la cadena de producción las imprentas se llevan el 25%, las editoriales el 15%, las librerías y las distribuidoras se reparte el 50%”.

Mattio apunta que “el promedio de una novela de ficción contemporánea es de 700 pesos, lo que representa el 5% de un salario mínimo” y señala que esos precios están fijados por los “grandes monopolios editoriales, precio dolarizado del papel, escasa o nula intervención del Estado”.

“¿Es justo que un autor reciba el 10% del precio del libro que escribió? Nos dicen que esa es la única manera de que el negocio funcione. ¿Quien nos dice? Todos los otros participantes. Creo que revisar esa situación es una tarea urgente”, asevera el autor de “Tres veces luz”.

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