Deterioro cognitivo, un aspecto olvidado en el tratamiento de la esquizofrenia

Según la Organización Mundial de la Salud, la esquizofrenia es un trastorno mental grave que se caracteriza por alteraciones del pensamiento, la percepción y la conducta que afecta a 24 millones de personas en el mundo1 aproximadamente, con una prevalencia cercana al 1%. Si bien en Argentina no hay datos precisos de prevalencia, se estima que en el país unas 300 mil personas viven con esquizofrenia.

Se estima que más del 85% de las personas con esquizofrenia presentan algún grado de trastorno cognitivo 2, un aspecto central que afecta significativamente la capacidad de llevar a cabo actividades del día a día como ocuparse del cuidado personal, recordar una cita con el médico e incluso la adherencia al tratamiento farmacológico y constituye una necesidad médica no satisfecha para la cual no existe un tratamiento farmacológico específico.

El deterioro cognitivo, ese gran olvidado

Para explicar la centralidad del deterioro cognitivo, el Dr. Eduardo Leiderman, médico especialista en psiquiatría, doctor en psicología y médico de planta del Hospital Alvear (MN 72246), se refirió a las distintas manifestaciones de la enfermedad. Si bien los síntomas pueden variar según la persona, existe un primer grupo de síntomas denominados ‘positivos’ que engloban comportamientos nuevos, que no existían, y se adicionan o incorporan al modo de actuar y de percibir la realidad, como las ideas delirantes y las alucinaciones, los cuales se pueden controlar en gran parte mediante el uso de fármacos antipsicóticos.

Por su parte, el experto identificó un segundo grupo de síntomas que se denominan “negativos” ya que suponen una pérdida de la capacidad de sentir placer o gusto por las cosas: “la persona dejar de tener ganas de mantener interacción social; experimenta anhedonia, que es la disminución del placer o de la anticipación del placer; alogia, lo cual significa que la persona deja de hablar o, por el contrario, habla todo el tiempo, pero sin sentido; también se observa cierta indiferencia afectiva, que es la falta de expresión emocional; y abulia, que es la falta de voluntad para dar comienzo o persistir en una actividad dirigida a un objetivo”, detalló el Dr. Leiderman.

Los síntomas negativos suelen manifestarse de manera independiente de los síntomas positivos e incluso, en ausencia de ellos, continúan presentes, como una especie de enfermedad residual. Las opciones farmacológicas que existen hoy en día no logran mejorar estos síntomas y es muy poco lo que podemos hacer, agregó.

El tercer grupo de síntomas se caracteriza por un deterioro de la función cognitiva. Si bien la centralidad de los síntomas cognitivos es clara desde que la esquizofrenia se describió como tal, este aspecto quedó rezagado durante casi 50 años y recién a fines del siglo pasado se volvió a poner foco en los síntomas cognitivos y destacar su alta prevalencia, lo cual se evidencia en la evolución social y académica de las personas con esquizofrenia, comentó el Dr. Leiderman. No es que los psiquiatras ignoremos la existencia de los síntomas cognitivos, sino que el deterioro cognitivo no siempre adquiere la centralidad que merece. Por eso decimos que es un gran olvidado, añadió.

Además, el Dr. Cristian Garay, doctor en psicología, profesor regular de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y director de proyectos de investigación (MN 26.665) explicó que el síntoma cognitivo es el gran olvidado porque, desde el vamos, la propia definición de esquizofrenia no contempla a los síntomas cognitivos, entendidos como un deterioro de las funciones ejecutivas y de la capacidad atencional, es decir, del procesamiento de información. Actualmente, hay un cambio de paradigma que busca entender a la esquizofrenia como un trastorno que afecta esencialmente lo neurocognitivo.

Las personas con esquizofrenia no sólo tienen ideas delirantes y alucinaciones que las distancian de la sociedad: también experimentan síntomas negativos que complejizan las interacciones sociales y un deterioro cognitivo que les impide, entre otras cosas, memorizar, abstraerse y comprender metáforas: carecen de funcionamientos cognitivos clave para la interacción con otras personas, lo cual les genera dificultades para comprender cómo siente o piensa otra persona; algo semejante a una especie de ‘ceguera’ mental, explicó el Dr. Leiderman.

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