“El Alzheimer es mucho más que olvido. Se trata de un deterioro progresivo de las funciones intelectuales que termina impactando en la salud física y en la calidad de vida del paciente y todos los que lo rodean”, explica la especialista.

Según la Asociación del Alzheimer (Alzheimer’s Association), esta enfermedad afecta a más de 300.000 argentinos. En el mundo, al menos 55 millones de personas viven con demencia, convirtiéndola en una crisis de salud global que requiere atención urgente.
Más allá de la memoria
El Alzheimer comienza afectando la memoria, pero con el tiempo compromete otros aspectos de la vida del paciente como la movilidad, la nutrición, el sueño y el estado de ánimo, generando dependencia y fragilidad. Por eso, también es una enfermedad de impacto físico, social y emocional, con altibajos y una progresiva pérdida de lucidez.
“Necesitamos hablar de Alzheimer no sólo como un problema médico, sino como un desafío colectivo. Cada diagnóstico involucra a la familia, al sistema de salud y a la sociedad en su conjunto”, afirma la autora.
El cuidador principal también es una figura profundamente afectada. El síndrome de sobrecarga del cuidador, o “del cuidador quemado”, es un estado de agotamiento y desborde que pueden padecer quienes cuidan a un ser querido y que se presenta de muchas maneras distintas. Los síntomas que suelen aparecer son problemas de concentración, insomnio, fatiga, angustia y depresión, entre otros. Por ello, es fundamental que tanto el personal de salud como los propios cuidadores puedan reconocer este síndrome, prevenirlo y tratarlo.
Factores de riesgo y prevención
El origen del Alzheimer se asocia a múltiples factores: edad avanzada, hipertensión arterial, diabetes, antecedentes familiares, bajo nivel educativo, hipoacusia, depresión y poca actividad física o mental aumentan el riesgo. Sin embargo, la prevención es posible. La detección temprana, la promoción de hábitos saludables y el apoyo a los cuidadores son pasos fundamentales para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.
“Leer, estudiar, mantener la curiosidad intelectual, hacer actividad física y recreativa, y controlar factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes o la hipoacusia puede retrasar la aparición de la enfermedad”, señala González Salvia.