En Argentina, estimaciones epidemiológicas indican que más de 92.000 personas conviven con esta patología.

La miocardiopatía hipertrófica (MCH) es una enfermedad cardíaca genética frecuente, pero poco conocida. En muchos casos no presenta síntomas evidentes y puede permanecer silenciosa durante años[. Sin embargo, en personas jóvenes —incluso deportistas aparentemente sanos— puede manifestarse de forma abrupta, siendo una de las principales causas de muerte súbita antes de los 35 años.
Una enfermedad frecuente, pero subdiagnosticada
La MCH se caracteriza por un engrosamiento anormal del músculo cardíaco, que puede dificultar el bombeo de sangre y favorecer la aparición de complicaciones graves. Se estima que afecta al menos a 1 de cada 500 adultos en el mundo, aunque estudios recientes sugieren que su prevalencia podría ser mayor[.
El principal desafío es que solo entre el 10% y el 20% de los casos se diagnostican clínicamente, ya que muchas personas no presentan síntomas o los atribuyen a otras causas. En Argentina, según estimaciones basadas en estudios epidemiológicos, hay aproximadamente 138.000 personas que viven con una miocardiopatía, de las cuales 92.000 corresponderían a miocardiopatía hipertrófica.
Síntomas que no deben minimizarse
Cuando se presentan, los síntomas de la MCH pueden incluir:
Palpitaciones rápidas, fuertes o irregulares
Falta de aire, especialmente durante el esfuerzo
Dolor en el pecho asociado al ejercicio
Mareos o sensación de aturdimiento
Fatiga marcada
Desmayos durante o después de la actividad física
Estos signos pueden confundirse con estrés, sobreesfuerzo o falta de entrenamiento[. Sin embargo, su persistencia o aparición durante el ejercicio amerita una evaluación médica.
Una enfermedad hereditaria que puede aparecer a cualquier edad
La MCH a menudo se hereda y es la forma más común de enfermedad cardíaca genética. Puede manifestarse a cualquier edad, pero los pacientes generalmente son diagnosticados en la mediana edad y la afección puede ser crónica[. Conocer el historial médico y los signos y síntomas es un primer paso importante para recibir un diagnóstico preciso.
Actividad física: beneficiosa, pero con evaluación previa
“La actividad física es fundamental para la salud cardiovascular, pero en personas con MCH ciertos tipos de ejercicio pueden aumentar el riesgo de complicaciones graves si no hay un diagnóstico previo”, explica Pablo Ottonello (MN 123.413), médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina.
“Por eso, antes de iniciar o intensificar la práctica deportiva —especialmente en gimnasios o entrenamientos de alta exigencia— es clave realizar un chequeo cardiológico, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas”, agrega.
Los estudios más frecuentes que suelen realizarse para diagnosticar una miocardiopatía son el ecocardiograma y la maniobra de Valsalva. Además, pueden ordenarse otros estudios para detectarla, como electrocardiograma, prueba de esfuerzo, resonancia magnética, tomografía cardíaca[ y estudios genéticos.
De acuerdo con recomendaciones internacionales, en personas con MCH suele indicarse[:
Priorizar actividad física moderada (caminar, bicicleta recreativa, yoga).
Evitar deportes competitivos o de alta intensidad sin evaluación médica.
Mantener una adecuada hidratación y evitar condiciones extremas de calor.
Escuchar las señales del cuerpo y respetar los límites individuales.