Preparándose para despegar

El hallazgo de una nueva especie de dinosaurio raptor en la Patagonia argentina arroja claves para esclarecer el origen evolutivo de las aves.

Es sabido que los dinosaurios, surgidos aproximadamente hace unos 230 millones de años durante el Triásico Tardío, dominaron todos los ecosistemas terrestres desde al menos comienzos del período Jurásico -hace unos 200 millones de años- hasta la masiva extinción del Cretácico-Paleógeno, ocurrida hace 65 millones de años, cuando desaparecieron junto con tres cuartas partes de los géneros biológicos que habitaban la Tierra en aquel momento.

No obstante, los especialistas suelen remarcar que aquel evento -atribuido a la caída de un meteorito gigante- que marcó el cierre de la era Mesozoica y el inicio de la Cenozoica, solo significaría la extinción de los dinosaurios no avianos, mientras los dinosaurios avianos, es decir las aves, no sólo no desaparecieron, sino que continúan estando presentes, y en gran diversidad, en todos los ecosistemas actuales.

Aunque se sabe que las aves antiguas y actuales pertenecen al clado de los dinosaurios paravianos, también integrado por el grupo de dinosaurios terópodos conocidos coloquialmente como ‘raptores’ -entre los que se encuentra, por ejemplo, el célebre Velociraptor-, los paleontólogos aun trabajan en esclarecer las relaciones de parentesco entre ambos grupos (raptores y aves), con expectativas en las revelaciones que puedan aportar, en este sentido, los descubrimientos de nuevos registros fósiles.

El reciente hallazgo y descripción de un nuevo dinosaurio paraviano en Patagonia aporta claves para entender la transición evolutiva entre dinosaurios raptores -bípedos y carnívoros- y las aves, que tuvo lugar en algún momento del Jurásico Medio. La nueva especie, bautizada como Overoraptor chimentoi, fue encontrada en una formación rocosa del Cretácico Superior -de unos 90 millones de años- conocida como Huincul, ubicada al sur del embalse Ezequiel Ramos Mexía en la provincia patagónica de Río Negro. Los resultados del trabajo fueron publicados en la revista The Science of Nature.

Si bien los primeros restos del Overoraptor, entre los que se encontraba una pequeña garra afilada del pie que indicaba que se trataba inequívocamente de un raptor, fueron extraídos en 2013 durante una breve expedición dirigida por Fernando Novas y Marcelo Isasi, ambos del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET), fue recién en 2018 cuando Matías Motta, becario doctoral del CONICET en el MACN, encabezó una nueva campaña subsidiada por la National Geographic Society en la que se pudieron recuperar más materiales del esqueleto como vértebras, partes de las cinturas escapular y pélvica y huesos del ala y de las patas.

“Fue el estudio de estos nuevos restos los que nos permitió distinguir a Overoraptor de la mayoría de las especies de raptores descubiertas hasta ahora y, sobre todo, de aquellas que se habían encontrado en la Argentina, las cuales correspondían en su totalidad al grupo de los unenlágidos, un clado de dinosaurios de muy diversos tamaños caracterizados por tener cráneos alargados y estar munidos de pequeños dientes cónicos”, explica Matías Motta, primer autor del trabajo.

El estudio anatómico del Overoraptor indicó que se trataba de un animal pequeño, de aproximadamente un metro y medio, con brazos y patas muy alargados y gráciles adaptados para la carrera. Al igual que los unenlágidos era un veloz corredor y portaba una gran garra curvada y filosa en el segundo dedo de sus dos patas. Esta característica no está presente en las aves, cuyos pies, más avanzados en términos evolutivos, les permiten agarrarse a las ramas de los árboles mediante un sistema de percheo.

“Más allá de varias similitudes, hay características que lo distingue de los unenlágidos que vivieron en la Argentina, así como de otros raptores no sudamericanos como el Velociraptor. Al analizar sus brazos encontramos rasgos avianos relacionados con el vuelo, lo cual nos resultó llamativo dado que sabíamos que se trataba de una especie corredora. Esto nos lleva a considerar que en un árbol filogenético, el Overoraptor se encuentra más cerca de las aves que la mayor parte de los raptores conocidos hasta ahora”, afirma Fernando Novas, coordinador del trabajo y director del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del MACN.

Los investigadores consideran que es muy posible que los brazos del Overoraptor tuvieran la posibilidad de realizar movimientos complejos y, al igual que sucede con las alas de las aves, se plegaran al lado del cuerpo de manera automática.

“Nuestra hipótesis es que en el caso del Overoraptor, la capacidad de plegar automáticamente las alas debe haber tenido una función distinta a la que cumple en las aves voladoras, dado que se trata de un animal corredor. Es posible que los brazos tuvieran el papel de garantizar el equilibrio durante la carrera –al aportar mayor balance y precisión- gracias a la posibilidad de moverlos de forma acompasada, tal como sucede en aves corredoras como el ñandú o los avestruces”, Indica Motta.

El estudio anatómico reveló ciertas características de los huesos de los brazos del Overoraptor, en particular de la ulna, que los hacen más parecidos a las alas de las aves, como las de los ñandúes y los cóndores, que a los miembros anteriores del resto de los dinosaurios raptores, incluidos los unenlágidos.

“Por otro lado, el análisis filogenético que realizamos nos indica que Overoraptor se encuentra cercanamente emparentado con Rahonavis, un raptor del Cretácico hallado en Madagascar. Ambas especies comparten el pie de tipo “raptor” y poseen brazos similares a las alas de las aves, lo que significa un avance evolutivo ausente tanto en los unenlágidos como en los velocirraptores del hemisferio norte”, advierte Novas.

“Nosotros suponemos que por su características anatómicas, Rahonavis también debe haber tenido la capacidad de realizar el plegado automático del ala, propia de las aves”, agrega Motta. Estas similitudes indicarían que el Overoraptor y Rahonavis podrían formar un nuevo grupo de paravianos corredores, que sería más cercano a las aves que las familias de raptores que se conocían hasta ahora.

Es importante aclarar que aunque no pueda considerarse que estos dos raptores del Cretácico Superior sean antepasados directos de las aves, surgidas millones de antes durante el Jurásico Medio, su estudio es igualmente útil para ilustrar los avances evolutivos que anticiparon su aparición.

Fue el propio Fernando Novas quien junto con Pablo Puerta a mediados de la década del ’90 protagonizó el hallazgo en la Patagonia argentina del primer raptor del hemisferio sur, al que bautizaron con el nombre de Unenlagia, que en mapuche significa ‘mitad ave’. “Esa fue la punta del iceberg, a partir de la cual se comenzó a avanzar con el descubrimiento de distintas especies de dinosaurios cercanas a las aves en el continente sudamericano. Hasta el hallazgo del Overoraptor todas habían sido identificadas como parte del grupo de los unenlágidos”, señala Novas.

“Para finalizar, me gustaría agradecer a la familia Violante, propietarios originales de los campos en los que fueron hallados los restos del Overoraptor, así como a sus dueños actuales, la empresa SIMA Ingeniería, que brindó un formidable apoyo logístico a los exploradores. También al Sr. Coleman Burke (Nueva York), que financió parte de nuestras exploraciones”, concluye el investigador. Los trabajos llevados a cabo contaron con la aprobación de la Secretaría de Cultura de Río Negro, y los fósiles descubiertos son patrimonio del Museo Provincial de Cipolletti Carlos Ameghino.

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