Envejecer: ciencia que atrae inversiones

Envejecer es un proceso natural, pero también puede ser visto como una enfermedad. Y como tal, es factible prevenirla o curarla.

La discusión es filosófica, pero también práctica. Si el envejecimiento es una enfermedad, organismos como la FDA (la agencia que regula los medicamentos y alimentos en Estados Unidos) puede aprobar drogas o tratamientos, y esto atrae sin dudas a los inversores.

Goya y su equipo en el INIBIO de La Plata siguen la línea de investigación del Rejuvenecimiento por Reprogramación Celular “con fondos del exterior y en colaboración con equipos internacionales, fundamentalmente de Estados Unidos y la Unión Europea”, dice el bioquímico e investigador.

Y desmitifica algunos puntos: “no se trata de manipulación genética porque no cambiamos ningún gen. Buscamos activar esos cuatro que ya están. Y para esto desarrollamos una herramienta-: usamos un virus para trasplantar los genes a las células”.

También aclara que sus investigaciones van más allá del rejuvenecimiento físico. “Nos interesa especialmente el rejuvenecimiento de las células del cerebro, y su relación con la memoria”, dice.

“Desacoplar el tiempo cronológico del biológico es algo muy complejo. Pero la ciencia avanza muy rápido”, dice Goya. “Yo tengo 70 y espero vivir mucho tiempo más para poder verlo. Creo que la mayoría de las personas querrían vivir hasta los 120 si pudieran hacerlo con buena salud. Morirse antes es como irse en lo mejor de la película”, reflexiona.

Bacterias anti-age y otros experimentos

Roberto Grau es bioquímico de la Universidad Nacional de Rosario e investigador del CONICET. En los 90 se especializó en Biología Molecular en los Estados Unidos y hasta el año 2000 sólo hizo investigación básica.

“Me interesaba conocer por qué una célula en un momento deja de crecer y dividirse y se transforma en una espora, que es algo inerte. Y así empecé a trabajar con los Bacillus subtilis, unas bacterias con esporas que son tan resistentes, que la agencia espacial europea planea llevarlas en su próxima misión al planeta Alfa Centauri, a más de 4.300 años luz”. Advertencia: tardarán tanto en llegar que es improbable que quienes lean esta nota vivan tanto como para verlo.

Durante su estadía en el país del norte, Grau encontró en un Starbucks una revista Scientific American cuyo título le llamó la atención: “Bacterias rejuvenecedoras”. “La nota me recordó la conversación que había tenido años atrás con mi colega japonés Akira, que estaba desesperado por comer natto, una comida típica japonesa en base a porotos de soja fermentados por Bacillus subtilis. Él me comentó que (pese a su horrible olor a amoníaco) es muy saludable y considerado “alimento de la longevidad”. Cuando leí el artículo se me acomodaron las fichas”, dice Grau.

“Yo había empezado a trabajar con Bacillus aplicado al agro, ya que tiene efectos biofertilizantes. Y decidí sumar otras líneas de investigación: para el desarrollo de vacunas recombinantes, junto al Instituto Cubano de Inmunología; y en probióticos aplicados a alimentos, junto al Instituto Cerela de Tucumán”, relata.

Para investigar los efectos de esta bacteria, Grau y su equipo utilizan como modelo animal un nematodo (gusano) llamado Caenorhabditis elegans, que presenta varias ventajas respecto de los ratones de laboratorio.

Su ciclo de vida es de 20 días, con lo que los resultados de los experimentos se pueden conocer rápido. Además es transparente, lo que permite diferenciar sus órganos fácilmente al microscopio, y tiene un sistema nervioso central asimilable al de los seres humanos.

En 2016 Grau y su equipo publicaron un trabajo que mostraba el efecto rejuvenecedor de estas bacterias en los gusanos de laboratorio. “Aquellos alimentados con Bacillus subtilis vivían 30 días en lugar de 20, con lo que su expectativa de vida creció un 50%”, comenta el biólogo molecular.

El hallazgo abrió el camino para el uso de esta bacteria probiótica (con beneficios para la salud) en la suplementación de alimentos y bebidas. De hecho, una pyme de Rosario elaboró un suplemento dietario, Kyojin, a partir de un acuerdo de transferencia con el Conicet y la Universidad Nacional de Rosario.

Alentados por estos resultados, comenzaron a investigar los efectos del Bacillus subtilis en enfermedades neurodegenerativas (siempre usando como modelo al gusano elegans) y hallaron que “el probiótico mejora la supervivencia de las neuronas y de esa manera protege contra el Parkinson y el Alzheimer. O en los casos de neuronas ya afectadas, la enfermedad se manifiesta en forma más lenta y menos agresiva”. Estos resultados fueron presentados en el Congreso Internacional de Alzheimer, Parkinson y otras demencias realizado en Turin, Italia, en 2018.

El nuevo hallazgo abre la puerta a una promisoria industria de los “psicobióticos” para suplementar alimentos, que son como los probióticos pero con efecto en la salud mental.

Un mercado interesante, si se considera que, una de cada 7 personas mayores de 60 padecerá Alzheimer, y una de cada 3 mayores de 85, según datos del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

Fuente: GABRIELA ENSINCK, Télam

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