Hallan ‘genes perdidos’ en quinoas del siglo II – Parte 2

Tras analizar el ADN de semillas arqueológicas y actuales en Catamarca y Tucumán, afirman que los materiales modernos son genéticamente menos diversos que sus antecesores. Una historia de 1800 años vinculada con el clima y los cambios sociales.

Por: Pablo A. Roset

Agricultura y variabilidad genética, en declive

Bertero le contó a Sobre La Tierra que el antiguo sistema de cultivos y pasturas en la región de los Andes áridos argentinos logró persistir a pesar de la irrupción conquistadora de los españoles. “Se mantuvo a lo largo de los períodos colonial, desde el siglo XVI, y republicano, hasta mediados del XIX. Sin embargo, seguía sujeto a los vaivenes del clima: una sequía de 30 años entre 1860 y 1890 afectó duramente a la agricultura y a la población. Eso, sumado a los crecientes procesos de industrialización, urbanización y globalización, determinó, ya en el siglo XX, el abandono de gran parte de aquel sistema agrícola prehispánico.

“El sistema retornó al pastoralismo extensivo y a la agricultura de pequeña escala. Durante los períodos colonial y republicano tuvo lugar un segundo episodio de reemplazo de variedades de quinoa locales por otras de menor riqueza génica. Lo que esto demuestra, finalmente, es que la disminución de la variabilidad genética está muy vinculada con procesos climáticos y sociales, y que sucede tanto en fases de expansión como de marginalización de la agricultura”, aclaró el investigador.

Variabilidad génica: ¿Por qué es deseable?

Bertero señaló que la variabilidad genética hace referencia a cuántas posibilidades tiene un organismo para adaptarse a los cambios del ambiente. “La variabilidad se puede apreciar a simple vista o se puede medir a nivel genético. Cuanto mayor es —o sea, mientras más grande es la reserva de variantes de genes de una variedad o población de plantas— más chances va a tener para generar nuevas combinaciones y explorar con éxito un nuevo ambiente, por ejemplo”.

En este sentido, agregó: “Entonces, contar con una variabilidad amplia en quinoa sería ventajoso para los mejoradores, ya que podrían ‘sacarle más jugo’ a los materiales a la hora de generar nuevas variedades. Esto no sucede con todas las especies vegetales. La chía, por ejemplo, tiene una base genética muy estrecha, por lo que las posibilidades de realizar mejoramiento genético están muy limitadas”.

Para finalizar, y mirando al futuro, Bertero afirmó que entre sus intenciones se encuentra dilucidar qué aspecto tenían las plantas antiguas de quinoa. “En un trabajo arqueológico uno puede estudiar lo que los restos antiguos muestran. En nuestro caso, pudimos ‘ver’ el ADN de las semillas arqueológicas. Sin embargo, es difícil saber cómo era el aspecto de aquellas plantas antiguas. Ahora, a partir de la información genética nos interesa ‘reconstruirlas’, y aunque el ADN de las semillas está muy fragmentado, nos ayuda que el genoma de la quinoa hoy está secuenciado. No vamos a crear un dinosaurio como en Parque Jurásico, pero sería un gran avance para la ciencia saber cómo eran las quinoas hace miles de años”.

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