¿Por qué comemos lo que comemos?

¿Somos lo que comemos? De esa pregunta partió la entrevista con Carlos Polimeni en el programa de radio Paso Clave, donde el periodista hizo referencia a la transformación de las sociedades a partir de la “penetración cultural de cierta alimentación”, y llamó a reflexionar sobre un sistema que desata epidemias en el mundo y que nos tiene atrapados aunque no nos demos cuenta.

Polimeni nos lleva hacia el final de la segunda guerra mundial donde “las potencias triunfantes contra el nazismo, se dividen el mundo en áreas iguales. En el caso de América latina quedamos bajo la egida de Estados Unidos que nos trasladó su modo de vida y consumo para favorecer a los intereses de sus empresas”.

En este sentido, relata que hasta aquella época, la alimentación Argentina y de América latina era muy distinta a la actual. “Esa penetración estadounidense, que encontró como vías de comunicación a las industrias del cine, de la televisión, y de la música, concretó un criterio de consumo cultural, gastronómico, cinematográfico, estético, que responde al modelo estadounidense”, explica.

Respecto a esto, cuenta como las bebidas gaseosas de patente norteamericana, las hamburguesas, los panchos, el queso chédar, el pochoclo en el cine, o la costumbre generalizada de ingerir alimentos mientras estamos frente a las pantallas, son hábitos que adquirimos por lo que, Polimeni define como “colonización cultural”, y que, según su planteo, “ha producido una epidemia de gordura en el mundo, y solo para sostener negocios que son defendidos a capa y espada por todos los que se benefician de ellos”.

Asimismo, el periodista y escritor, sentenció: “Creemos que somos libres mientras somos esclavos”, y recurrió a ejemplos como la navidad blanca, el consumo de la hamburguesa con una bebida light, la indumentaria  que usamos, para afirmar que mientras creemos estar eligiendo, en realidad “se trata de una decisión de la colonización de nuestro gusto que se extiende a las marcas de ropa, de autos, y que nos proviene de empresas que sacan enormes dividendos, con el agravante de que además han logrado disimular su origen”.

Para desarrollar el concepto, Polimeni  describe el momento de la llegada de la Coca Cola a la Argentina, y cómo se fue incorporando a la dieta en nuestra sociedad. “Era tan fea (la gaseosa), tan poco relacionada con nuestros gustos, que la regalaban y la gente no la tomaba, pero al mismo tiempo la gente empezó a ver como en las series estadounidenses, lo que rechazába por ser un jarabe feo enfriado, lo consumían las grandes estrellas y en esa contradicción, la bebida comenzó a gustar, lo mismo ocurrió con el wiski y el cigarrillo”.

El entrevistado, detalla también, los mecanismos a través de los cuales, los medios de comunicación junto con equipos de sociólogos, expertos en marketing, y comunicadores, elaboran “campañas de penetración”, que permiten que naturalicemos costumbres que no nos son propias. “Nos hacen actuar de tal o cual manera, sin ninguna inocencia. No nos damos cuenta que somos víctimas de enormes campañas de persuasión”.

“Está probado científicamente que dos elementos esenciales en la dieta del ser humano de todos los días, como la sal y el azúcar, no solo son innecesarios sino que provocan epidemias que terminan con la muerte de personas, entonces, hay que reeducarnos a nosotros”, evalúa.

Al tiempo que considera que las posibilidades de cambiar los hábitos no están en todos los sectores sociales ya que por problemas de acceso a la información e imposibilidad económica. “Poder comer sano y tener conciencia al respecto depende de la posición social en la que se encuentre la persona. No son las clases populares las que hacen ejercicio y se cuidan, sino las más informadas y con recursos”, sostiene.

Por otra parte, el analista, realiza una vinculación entre dos industrias, la farmacéutica y la alimenticia. “Vivimos en sociedades también dominadas por la industria de los medicamentos, uno se intoxica comiendo y se sana con medicación, pero es una conjunción de grandes negocios de los cuales estamos presos”, opina.

Finalmente, convoca a reflexionar sobre la “posibilidad histórica” de revertir un proceso que se viene instalando desde hace 80 años en el mundo. “Cada vez somos más sedentarios, estamos más quietos, tenemos tentaciones para quedarnos imantados frente a una pantalla, cuando el ser humano está hecho para el movimiento. Entonces en la medida que no caminamos, no hacemos ejercicio y comemos mal, nos metemos en un embrollo del que hay que salir, del que será mejor salir”.

COMPARTIMOS LA ENTREVISTA COMPLETA PARA QUE PUEDAS CONOCER MÁS SOBRE EL POR QUÉ DE NUESTRA CULTURA ALIMENTARIA:

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