“Hasta que más del 70% de la probación mundial no esté inmunizada, el virus tiene posibilidades de mutar y entonces volvemos a foja cero”

María José Villarraza, bioquímica, farmacéutica y CEO de Bioxentys se refirió a la fabricación de las vacunas en Argentina y explicó por qué se trata de un avance por etapas. Las alianzas público – privadas, inversiones limitadas y las fases que se pueden cumplir en el país.

Joe Biden, presidente de Estados Unidos, solicitó la liberalización temporal de las patentes de las vacunas contra el coronavirus. El anuncio despertó expectativas en la industria farmacéutica mundial y esperanza en las sociedades de todo el globo.

“Fue la noticia más importante de la semana porque permite que los siete mil setecientos millones de seres humanos que habitamos el planeta tengamos acceso a las vacunas, no solo por la liberación de patentes, ya que también se necesita de la transferencia de tecnología. Con los ingredientes no alcanza, falta el cómo hacer la receta”, opinó la experta en una entrevista con el programa de radio “Más de lo esperado”.

Además, manifestó su preocupación por la escasez de materiales e insumos para la fabricación de test, de medicinas y de vacunas contra el COVID-19 a nivel planetario.

Respecto de si Argentina tiene la capacidad necesaria para producir vacunas, Villarraza aseguró que “el talento y los profesionales están” y contó que el país es uno de los pocos en toda Latinoamérica, donde funcionan por lo menos cinco plantas que manejan activos biológicos biotecnológicos.

Sin embargo, advirtió que falta inversión porque “no es solamente la experiencia y capacidad del personal, se necesitan construir plantas que valen entre 40 y 50 millones de dólares para cumplir con la diferentes etapas de desarrollo de una vacuna”.

En este sentido, aseguró que “se vislumbra la posibilidad de que Laboratorios Richmond esté fabricando algunos millones en la tercera etapa que corresponde a la formulación y llenado de la vacuna rusa”.

La empresaria también remarcó, como otro elemento clave, la necesidad de un organismo regulatorio y fiscalizador “fuerte para lograr productos de calidad” y se esperanzó con que “en algún momento todas las fases de producción de vacunas puedan llevarte adelante en el país”.

Una cuestión geopolítica

“Necesitamos que prime la razón del bien supremo”, reflexionó la investigadora y argumentó que “por más que las poblaciones desarrolladas y algunas en desarrollo nos vacunemos, hay una gran realidad científica: hasta que más del 70% de la probación mundial no esté inmunizada, el virus tiene posibilidades de mutar y entonces volvemos a foja cero”.

Sobre el caso particular de Argentina, sostuvo que “sería importante desplegar una estrategia mixta para recibir vacunas de todos los países de manera tal que, a fin de año, alrededor del 80% de las personas puedan estar inoculadas”.

“La industria farmacéutica pasó a ser un punto clave para los Estados del mundo que tejieron alianzas público-privadas y avanzaron en este camino”, concluyó.

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